La apertura de mercado en Indonesia y las gestiones para ingresar a Japón colocaron a Asia en el centro de la estrategia de la industria frigorífica que busca ampliar mercados para la carne argentina mientras enfrenta el desafío de generar más materia prima para sostener las exportaciones.
Así lo explicó Mario Ravettino, presidente del Consorcio ABC y vicepresidente del IPCVA, quien destacó el potencial de los nuevos destinos asiáticos y repasó la intensa agenda de promoción internacional que el sector tendrá durante el segundo semestre.
La reciente apertura del mercado indonesio representa una oportunidad de enorme relevancia por el volumen de población y el potencial de consumo de carne vacuna. Sin embargo, el desafío ahora pasa por transformar esa apertura en operaciones comerciales de mayor escala.
Actualmente son apenas cinco las plantas frigoríficas argentinas habilitadas para exportar a Indonesia y existe además una limitación comercial: las operaciones pueden realizarse con una empresa estatal, lo que restringe el alcance inicial del negocio.
Por eso, el objetivo del sector es avanzar rápidamente sobre el sector privado de ese país y ampliar la cantidad de frigoríficos habilitados.
“Tenemos que trabajar también en los lineamientos para poder conectarnos con el sector privado de Indonesia porque por el momento tendríamos la posibilidad de comercializar con la empresa estadual, que es solamente una parte del mercado”, explicó Ravettino en declaraciones periodísticas.
La dimensión del mercado convierte a Indonesia en una de las apuestas más importantes de la industria argentina en Asia. Para el IPCBA, la apertura sanitaria es apenas el primer paso: el verdadero desafío será lograr una inserción comercial que permita aprovechar el potencial de los importadores privados.
El otro gran objetivo está en Japón. El IPCBA mantiene expectativas de concretar el ingreso antes de fin de año, aunque el mercado presenta una barrera importante para los cortes tradicionales: los aranceles alcanzan el 48%.
Frente a esa dificultad, la estrategia apunta inicialmente a los subproductos, especialmente la lengua vacuna, que tiene una imposición arancelaria menor y una demanda particularmente fuerte en Japón.
“Si bien en principio la imposición arancelaria, vamos a comercializar con un 48% de aranceles, hace muy difícil el negocio en materia de carnes, pero sí tenemos oportunidades óptimas con el tema de los subproductos, especialmente con la lengua”, señaló.
La posibilidad de ingresar primero por ese segmento permitiría al sector argentino comenzar a construir presencia en uno de los mercados más exigentes y valorizados de Asia.
La ofensiva comercial no quedará limitada a Asia. Durante el segundo semestre, el IPCBA, un organismo que se encuentra en el centro del debate por la avanzada desreguladora de Federico Sturzenegger, tendrá una agenda cargada de misiones y ferias internacionales.
En septiembre llegará la segunda misión comercial a Estados Unidos, con un dato que Ravettino considera especialmente significativo: participarán 16 empresas argentinas, un récord para este tipo de actividad.
“Es inédito lo que está pasando en Estados Unidos este año, tenemos 16 empresas confirmadas que nos van a acompañar”, destacó.
La gira también tendrá una escala en Israel, donde se realizará una jornada de promoción de la carne argentina. Se trata de un mercado históricamente vinculado con la producción nacional y que, según Ravettino, venía reclamando una mayor presencia institucional del sector.
En octubre, el Instituto tendrá participación en Sial París, mientras que en noviembre la delegación argentina volverá a China para participar de la CIE, una feria organizada por el Estado chino y de gran magnitud.
China continúa siendo uno de los principales destinos para la carne argentina por volumen, por lo que la presencia en ese tipo de encuentros busca sostener y ampliar los vínculos comerciales.
La expansión de los mercados externos plantea, sin embargo, una pregunta inevitable: ¿tiene Argentina suficiente carne para responder a una demanda creciente?
Para Ravettino, allí aparece el principal reto para la cadena. “El gran desafío nuestro es tener más materia prima” explicó.
En ese sentido, el sector observa señales alentadoras en el comportamiento de los productores, especialmente por los niveles de retención de vientres. La decisión de conservar hembras que podrían haber sido enviadas a faena es interpretada como una señal de inversión y de recomposición futura de los rodeos.
“Estamos trabajando para recomponer el stock tal vez no tanto en cabezas pero sí en kilos”, resumió.
La otra variable es el peso de los animales enviados a faena. Actualmente, el promedio argentino ronda los 244 kilos, una cifra que todavía está por debajo de Brasil, Estados Unidos y Australia, pero que ya se acerca a los niveles de Uruguay.

“Estamos lejos de los 260 todavía de Brasil, ni hablar de los 360 de Estados Unidos o Australia, pero ya estamos cerca del promedio de faena de Uruguay”, sostuvo.
El objetivo es, entonces, producir más carne sin depender exclusivamente de un aumento en la cantidad de cabezas. La combinación de retención de vientres y mayores pesos de faena aparece como la estrategia para recuperar el stock y, al mismo tiempo, generar más kilos disponibles.
La oportunidad comercial llega acompañada por números que muestran un fuerte crecimiento de las exportaciones.
Durante los primeros seis meses del año, Argentina exportó 336.000 toneladas de carne vacuna por unos US$2.800 millones, lo que significó un aumento del 7% en volumen y del 41% en valor frente al mismo período del año anterior
El escenario plantea una oportunidad concreta para la industria frigorífica: ampliar la cantidad de destinos, mejorar el valor obtenido y aprovechar una demanda internacional que continúa mostrando interés por la carne argentina.
Pero el crecimiento también obliga a mirar hacia el campo. Con Indonesia recién abierto, Japón en la mira y una agenda comercial que se expande por los principales mercados del mundo, la capacidad de generar más kilos de carne será determinante para que la Argentina pueda transformar esas oportunidades en un crecimiento exportador sostenido.