El estrecho de Ormuz dejó de ser solamente el escenario de una crisis militar para convertirse en el centro de una disputa directa sobre quién puede administrar una de las rutas energéticas más importantes del planeta. Estados Unidos e Irán sostienen posiciones incompatibles después de que venciera el período de 60 días previsto para avanzar hacia un entendimiento. Donald Trump aseguró este martes que Washington no tiene nuevas conversaciones previstas con Teherán, mientras el gobierno iraní mantiene que la normalización del tránsito depende del cumplimiento de sus condiciones.
La señal más concreta del deterioro apareció en el mercado petrolero, donde el Brent volvió a superar los 90 dólares por barril. El aumento ocurrió mientras el tránsito comercial por Ormuz continúa muy por debajo de los niveles habituales y un buque fue alcanzado por un proyectil al atravesar la zona. La importancia del estrecho proviene de la cantidad de petróleo y gas que cruza diariamente ese corredor entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán, por lo que cualquier restricción prolongada puede trasladarse rápidamente a precios, seguros marítimos y costos logísticos internacionales.
Omán queda atrapado entre Washington y Teherán
La novedad diplomática está en Omán, que pasó de actuar como intermediario a quedar directamente involucrado en la pelea por la administración del tránsito marítimo. Autoridades regionales indicaron que Mascate e Irán se encontraban cerca de un esquema para gestionar la salida de buques, pero Washington objetó componentes del proyecto relacionados con la participación iraní y posibles pagos de las embarcaciones. Trump incluso amenazó públicamente con acciones militares contra Omán si considera que el país interfiere con la estrategia estadounidense.
El choque revela que la discusión ya no se limita a mantener abierto o cerrado el estrecho. También está en juego quién establece las condiciones de navegación, qué autoridad puede inspeccionar o desviar barcos y cuánto margen conserva Irán mientras Estados Unidos mantiene el bloqueo sobre sus puertos. Washington afirma que el paso está abierto y operativo, pero Teherán sostiene lo contrario y el volumen reducido de embarcaciones muestra que la normalidad comercial todavía está lejos de recuperarse.

El petróleo funciona como termómetro de la crisis
La cotización del crudo muestra que los operadores ya empiezan a considerar la posibilidad de una interrupción más prolongada. El Brent terminó este martes alrededor de los 91 dólares después de una jornada marcada por versiones sobre ataques y restricciones a petroleros. Una eventual normalización podría reducir rápidamente esa prima de riesgo, pero una escalada que afecte de manera sostenida el movimiento de buques introduciría presión adicional sobre importadores de energía de Europa y Asia.

El principal cambio respecto de las etapas anteriores es que la vía diplomática también comenzó a convertirse en parte del conflicto. Omán intenta sostener su papel como mediador, Irán busca conservar capacidad de decisión sobre el estrecho y Estados Unidos pretende impedir que Teherán transforme su posición geográfica en una herramienta permanente de presión. El escenario actual agrega una dimensión diferente a la crisis: la pelea abierta por quién puede imponer las reglas en Ormuz.