Estados Unidos decidió ampliar con fuerza sus recompras de deuda de largo plazo después de que el costo de financiar al Gobierno volviera a niveles especialmente elevados. El Departamento del Tesoro aumentará de USD 2.000 millones a por lo menos USD 4.000 millones el máximo que podrá retirar en cada operación correspondiente a bonos nominales con vencimientos entre 10 y 30 años. El nuevo esquema comenzará el 9 de septiembre y permanecerá vigente inicialmente hasta el 4 de noviembre, cuando Washington volverá a revisar las condiciones de su programa de financiamiento.
El movimiento llega después de que los bonos estadounidenses de mayor plazo enviaran una señal incómoda para las cuentas públicas. El rendimiento oficial de la deuda a 30 años alcanzó 5,31% el 17 de agosto, mientras la referencia a diez años llegó a 4,72%. Dos días después, tras conocerse la ampliación de las recompras, esas tasas habían descendido a 5,19% y 4,65%, respectivamente. Como el precio de un bono se mueve en dirección contraria a su rendimiento, una tasa más alta implica que el mercado exige una compensación mayor para prestar dinero al Gobierno durante períodos prolongados.
La operación puede parecer a primera vista un intento de Washington por cancelar obligaciones, pero el mecanismo funciona de manera diferente. El Tesoro compra principalmente títulos antiguos que han perdido liquidez en el mercado secundario y ofrece a bancos e inversores una salida previsible para esas posiciones. Al mismo tiempo continúa emitiendo nuevos bonos para financiar al Gobierno, por lo que la propia institución advierte que las recompras no deberían modificar significativamente el volumen de endeudamiento neto. En términos simples, Estados Unidos cambia parte de la deuda que circula, pero no está ejecutando un programa general de desendeudamiento.
La diferencia resulta especialmente relevante porque las necesidades de financiamiento siguen siendo enormes. Para el trimestre julio-septiembre, el Tesoro calcula que deberá obtener USD 739.000 millones de deuda negociable neta en manos privadas y otros USD 628.000 millones durante octubre-diciembre. A comienzos de agosto también programó una colocación de USD 125.000 millones en bonos y notas para refinanciar USD 96.300 millones que vencían y obtener aproximadamente USD 28.700 millones adicionales de efectivo. La gestión de liquidez ocurre así en paralelo con una maquinaria de emisión que continúa funcionando a gran escala.

La subasta del bono a 30 años del 13 de agosto mostró por qué el tramo largo se convirtió en el punto sensible del mercado. El Tesoro colocó USD 25.000 millones con un rendimiento máximo de 5,216%, mientras los inversores presentaron aproximadamente USD 59.800 millones en ofertas competitivas y no competitivas. Una tasa superior al 5% durante tres décadas eleva progresivamente el costo que asume el Gobierno cuando reemplaza deuda antigua por nuevos títulos, especialmente si esos niveles permanecen durante meses o años.

La ampliación de las recompras funciona entonces como una herramienta para mejorar la circulación de los bonos y evitar que determinados segmentos pierdan profundidad, pero no resuelve el problema fiscal que está detrás de las necesidades de emisión. El Tesoro sostiene que recibe un volumen elevado de ofertas de títulos largos y considera que existe margen para aumentar sus compras sin abandonar su estrategia regular de financiamiento. El verdadero indicador estará después del 9 de septiembre: si los rendimientos largos vuelven a subir pese a las mayores recompras, Washington seguirá enfrentando una cuestión que ningún intercambio de bonos puede eliminar por sí solo, cuánto debe pagar para convencer al mercado de financiar al Gobierno estadounidense durante las próximas décadas.