23/08/2026 - Edición Nº1293

Internacionales

Cuenta regresiva

Irán y Rusia tienen una nueva estrategia frente a Trump: esperar hasta noviembre

23/08/2026 | Las elecciones legislativas acortan el reloj de Washington mientras sus rivales pueden prolongar los conflictos y elevar el costo político para la Casa Blanca.



Donald Trump enfrenta una desventaja que ningún despliegue militar puede eliminar: sus adversarios internacionales conocen exactamente cuándo llegará su próxima gran prueba política. Estados Unidos celebrará elecciones legislativas en noviembre y el resultado decidirá qué partido controlará el Congreso durante los últimos dos años de su mandato. Mientras Washington intenta obtener resultados en Irán, Ucrania y otros frentes, sus rivales tienen un incentivo para prolongar las negociaciones y esperar.

El calendario importa porque en las elecciones de medio término estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. Perder alguna de las cámaras no terminaría automáticamente con la política exterior de Trump, pero podría reducir su margen político y complicar parte de su agenda durante la segunda mitad del mandato.

 


Irán es una república islámica del golfo Pérsico (Arábigo) con sitios históricos que datan del Imperio Persa. 

Irán pone a prueba cuánto tiempo puede sostener Trump la presión

El caso más evidente es Irán. Una estrategia estadounidense basada en presión económica, fuerza militar y negociación todavía necesita convertirse en un resultado estable que la administración pueda exhibir ante los votantes. Cuanto más se prolongue el enfrentamiento, mayor será también la posibilidad de que sus consecuencias económicas se incorporen al debate electoral estadounidense.

Para Teherán, el objetivo no necesariamente pasa por imponerse militarmente a Estados Unidos. Prolongar la crisis puede elevar los costos de Washington y aumentar la presión sobre una Casa Blanca que tiene una fecha electoral concreta por delante. Esa diferencia de tiempos transforma la paciencia en una herramienta estratégica.

El estrecho de Ormuz es especialmente sensible dentro de ese cálculo. Cualquier alteración prolongada del tránsito energético puede repercutir sobre los mercados internacionales y terminar trasladándose a los precios que pagan los consumidores. Una crisis exterior puede convertirse así en un problema doméstico precisamente cuando Trump necesita convencer a los estadounidenses de que su política internacional está produciendo resultados.


Irán y Rusia pueden esperar hasta noviembre para aumentar la presión política sobre Trump.

Rusia también puede jugar con el reloj estadounidense

Una lógica similar aparece alrededor de Ucrania. Washington necesita mostrar avances, mientras Moscú puede considerar que prolongar las conversaciones tiene valor si espera que después de las elecciones cambie el equilibrio político estadounidense. Reuters recoge precisamente la posibilidad de que Rusia, Irán y otros gobiernos calculen que esperar puede resultar más conveniente que realizar concesiones antes de noviembre.

La situación convierte las elecciones estadounidenses en una variable internacional. Trump conserva enormes instrumentos militares, económicos y diplomáticos, pero sus adversarios disponen de una ventaja diferente: no enfrentan el mismo calendario electoral. Cada semana sin un acuerdo consume una parte del tiempo político disponible para la Casa Blanca.


Trump tiene poder militar y económico, pero Irán y Rusia cuentan con otra ventaja: tiempo.

Noviembre será, por tanto, algo más que una elección sobre el control del Congreso. También funcionará como una prueba para una política exterior construida alrededor de la capacidad de obtener acuerdos mediante presión. Si Washington consigue resultados antes de las urnas, Trump podrá presentarlos como demostración de eficacia. Si los principales conflictos permanecen abiertos, sus adversarios habrán comprobado que existe otra manera de resistir la presión estadounidense: hacer correr el reloj.