Estados Unidos lanzó el 24 de agosto la Operación Economic Outcast y sancionó a casi 60 personas, empresas y buques vinculados con Irán. El Tesoro estadounidense incluyó intermediarios de China y Hong Kong ligados a compras de tecnología sensible y transporte de crudo. El alcance coloca a Pekín en el centro de una campaña que busca cortar ingresos iraníes sin romper todavía el vínculo financiero bilateral.
China sigue siendo el principal destino del petróleo iraní y los flujos ya muestran una caída marcada. Datos provisionales de Kpler sitúan las compras en 823.000 barriles diarios en julio y 534.000 en agosto, frente a 1,57 millones en febrero. Washington, sin embargo, dejó fuera a los grandes bancos chinos, una cautela relevante antes de la visita de Xi Jinping a Estados Unidos prevista para septiembre.
El paquete golpea nodos concretos, pero todavía no el corazón bancario de la relación entre China e Irán. Sweet Ocean Industrial fue señalada por intermediar equipos sensibles para la Universidad de Tecnología Malek Ashtar. Lilimoon Navigation y su buque Voyage Elite quedaron alcanzados por transportar millones de barriles iraníes a China. OFAC además amplió el riesgo de sanciones secundarias a cinco sectores estratégicos.
Pekín respondió el 25 de agosto con rechazo político, pero sin anunciar una represalia económica concreta. El Ministerio de Exteriores chino defendió su cooperación con Irán y prometió proteger sus intereses. CIPS tampoco nació en 2012 ni fue creado específicamente para eludir sanciones: opera desde 2015 y cerró junio de 2026 con 210 participantes directos y 1.619 indirectos para pagos transfronterizos en renminbi.
Reunión bilateral entre las delegaciones de Estados Unidos y China en Pekín, mayo de 2026.El siguiente punto de tensión está alrededor del 24 de septiembre, fecha anunciada para la visita de Xi a Washington. La Casa Blanca confirmó una visita durante el otoño y Trump dio públicamente ese día. News Digitales ya detalló que los grandes bancos chinos quedaron fuera del paquete inicial. Sancionarlos elevaría el costo bilateral; mantenerlos al margen preservaría espacio para negociar comercio, energía e Irán.

La eficacia del nuevo cerco se medirá en decisiones ejecutadas, no en amenazas públicas. Los próximos controles serán nuevas designaciones de OFAC, eventuales contramedidas chinas y los flujos de crudo iraní hacia China en agosto y septiembre. Si Washington pasa de navieras e intermediarios a bancos sistémicos, la disputa entrará en otra escala; si no, quedará expuesto el límite de aislar a Teherán sin convertir a Pekín en adversario financiero directo.