La nueva carrera armamentística occidental ya no se libra únicamente en fábricas, arsenales y presupuestos públicos. Ahora también se juega en los mercados financieros. Canadá encabeza la creación del Defence, Security and Resilience Bank, una institución multilateral que pretende movilizar alrededor de €100.000 millones para financiar proyectos militares y de seguridad.
La estructura proyectada contempla aproximadamente €20.000 millones de capital desembolsado y otros €80.000 millones disponibles para ser utilizados cuando sean necesarios. Hasta agosto, sin embargo, los compromisos obtenidos rondaban los €5.000 millones. Canadá, Albania, Bélgica, Grecia, Letonia, Luxemburgo, Rumania, Turquía y Ucrania respaldan formalmente la iniciativa.
La idea consiste en prestar a bajo costo a gobiernos y empresas de defensa, además de ofrecer garantías para que bancos privados puedan financiar a fabricantes pequeños considerados más riesgosos. En vez de depender exclusivamente de presupuestos nacionales, el DSRB utilizaría el balance de una institución multinacional para atraer capital privado y ampliar la producción militar.
El problema es que las principales potencias todavía no están convencidas. Alemania, Reino Unido y otros países del G7 no se han incorporado. Entre sus objeciones aparecen el dinero inicial que deberían aportar, la gobernanza del banco y la posibilidad de duplicar mecanismos que ya existen.

La Unión Europea lanzó en 2025 su programa SAFE, dotado con €150.000 millones, mientras Reino Unido trabaja con Países Bajos, Finlandia y Polonia en otro mecanismo centrado en compras militares conjuntas. El DSRB no compite solamente por dinero: compite por convertirse en la institución financiera permanente detrás del rearme occidental.

Para lograrlo necesita una calificación crediticia AAA que le permita endeudarse en los mercados a tasas muy bajas. JPMorgan, Deutsche Bank y otras entidades ya han aportado alrededor de USD 10 millones entre financiación y servicios para ayudar a desarrollar el proyecto. Canadá sostiene que el banco podría comenzar a operar desde 2027. Si logra incorporar a grandes economías, el próximo gran instrumento de la defensa occidental podría parecerse menos a una alianza militar tradicional y más a un banco multilateral capaz de convertir deuda en fábricas, municiones, tecnología y capacidad industrial.