La nueva escalada militar entre EE.UU. e Irán está introduciendo una variable incómoda en la próxima decisión de la Reserva Federal: el petróleo vuelve a encarecerse precisamente cuando el mercado comenzaba a evaluar datos económicos estadounidenses más débiles. En lugar de empujar al dólar hacia abajo, esa combinación lo sostuvo porque los inversores comenzaron a contemplar un riesgo mayor de inflación y tasas de interés más altas.
El Brent avanzaba este miércoles hasta USD 95,52 por barril, mientras el WTI alcanzaba USD 91,02 después de la nueva ronda de ataques. Paralelamente, el índice dólar se situaba en 99,67 y el rendimiento del bono estadounidense a diez años rondaba el 4,8%. El mercado asignaba una probabilidad cercana al 67% de una subida de tasas de la Fed en septiembre, frente a aproximadamente 40% una semana antes.
El movimiento resulta particularmente significativo porque las últimas cifras estadounidenses no habían sido especialmente fuertes. Las vacantes laborales JOLTS de julio y el índice manufacturero ISM de agosto quedaron por debajo de las previsiones. En circunstancias normales, datos débiles podrían presionar al dólar y reducir las expectativas de tasas; el encarecimiento energético está operando en dirección contraria al elevar el riesgo inflacionario.
La Fed celebrará su próxima reunión los días 15 y 16 de septiembre y antes conocerá nuevos datos de empleo e inflación. El gobernador Michael Barr advirtió que, si la inflación no cede rápidamente, podría llegar el momento de aumentar nuevamente las tasas. De esta manera, cada nueva perturbación en el flujo petrolero del Golfo deja de ser únicamente una noticia energética y se convierte directamente en una variable de política monetaria estadounidense.

La consecuencia más visible fuera de EE.UU. aparece en Japón. El yen cotizaba alrededor de 160,21 unidades por dólar, pese a que el mercado espera que el Banco de Japón aumente sus propias tasas este mes. Una intervención coordinada de Washington y Tokio a finales de julio había alejado temporalmente a la moneda japonesa del mínimo de 40 años de 163,99, pero aproximadamente la mitad de esa recuperación ya se perdió.

La guerra entre EE.UU. e Irán está generando así una cadena que va mucho más allá del precio de la gasolina: petróleo más caro, mayor riesgo de inflación, rendimientos estadounidenses altos, un dólar fortalecido y más presión sobre monedas como el yen. Mientras Ormuz continúe bajo tensión, los mercados deberán calcular no solamente cuántos barriles pueden quedar amenazados, sino cuánto puede alterar esa amenaza la trayectoria de las tasas de interés mundiales.