Las Fuerzas Armadas de EE.UU. comenzaron a desactivar los identificadores publicitarios de teléfonos y computadoras oficiales después de que datos comerciales de ubicación fueran utilizados para rastrear personal desplegado en Medio Oriente. Una tecnología diseñada para personalizar anuncios terminó funcionando como una fuente privada de inteligencia militar.
Los llamados MAID son códigos únicos asociados con los dispositivos móviles. Aplicaciones y empresas publicitarias los utilizan para reconstruir hábitos, desplazamientos y ubicaciones. El problema aparece cuando corredores de datos agrupan esa información y la venden a terceros que pueden identificar movimientos repetidos alrededor de bases, instalaciones sensibles o zonas de combate.
El Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y el Comando de Operaciones Especiales confirmaron que desactivaron estos identificadores en distintos equipos gubernamentales. La Fuerza Aérea aplicó el cambio entre el 23 y el 27 de julio, mientras que algunas restricciones del Ejército sobre teléfonos Apple y Android estaban activas desde febrero.
Sin embargo, apagar el identificador publicitario no garantiza que desaparezca el rastro digital. Las aplicaciones todavía pueden combinar direcciones de red, características técnicas del dispositivo y permisos de geolocalización. Además, las medidas del Pentágono no necesariamente alcanzan a los teléfonos personales de militares, contratistas o visitantes que ingresan en instalaciones protegidas.
El senador demócrata Ron Wyden y el representante republicano Pat Harrigan solicitaron una investigación para determinar por qué continúa apareciendo información procedente de instalaciones militares. El Comando Central reconoció previamente que adversarios extranjeros habían utilizado datos comerciales para identificar y atacar personal estadounidense en Medio Oriente.

La vulnerabilidad revela un cambio profundo en el espionaje. Ya no siempre es necesario infiltrar una base, interceptar comunicaciones secretas o controlar un satélite. Una empresa puede recopilar información mediante aplicaciones aparentemente inofensivas y revenderla en un mercado al que también acceden gobiernos hostiles. El Pentágono está descubriendo que su seguridad operacional depende, en parte, de una industria publicitaria que nunca fue diseñada para proteger secretos militares.