A los 13 años, Valentino Scilletta se puso un objetivo que significó un gran desafío para su edad: quería comprarse su propio teléfono. Tenía unas ovejas, se las vendió a su papá y, en lugar de gastar esa plata, siguió un consejo que terminó cambiándole la rutina: poner ese dinero en algo que le gustara.
Así nació “El Mate Verde”, un emprendimiento que empezó con unos pocos paquetes de yerba para la venta y que dos años después ya incluye mates y portatermos. A eso le suma un segundo proyecto, ligado a la venta de gorras e indumentaria.
Valentino hoy tiene 15 años, cursa cuarto año en la Escuela Agraria de Chivilcoy y vive el campo como parte de su vida cotidiana. Se define como productor ganadero y sueña con vivir algún día de la actividad rural. Pero hay otra actividad que también ocupa un lugar importante en su día a día: vender mates y compartir con sus clientes algo que, para él, es mucho más que una infusión.
“Todo surgió para que yo me compre el teléfono”, cuenta. Su papá le había planteado un reto: si quería tenerlo, debía conseguirlo con el fruto de su propio esfuerzo. “Me dijo: ‘si vos te lo comprás, va a ser otra cosa antes que yo te lo compre a vos’” recordó.
Valentino empezó con la yerba fabricada en Uruguay que él mismo tomaba, “Rei Verde”. Compró los primeros paquetes, averiguó, la vendió entre compañeros de la escuela y después amplió el círculo hacia familiares, amigos y conocidos. Con el tiempo llegaron los mates.
Pero allí apareció otra de las características que Valentino quiere imprimirle a su emprendimiento: la búsqueda de calidad.
“Siempre estoy buscando algo mejor para el cliente”, explica. En el camino descubrió que algunos mates tenían procesos de fabricación que no le convencían. “Muchas veces le ponen un plástico y la calabaza la hacen crecer dentro de ese plástico. Entonces, ¿qué pasa? Cuando se raja la calabaza, queda el plástico y se termina pudriendo. Queda el agua dentro del plástico”, cuenta.
Valentino Scilletta durante la 74ª Exposición Rural, Agrícola, Ganadera, Industrial y Comercial de ChivilcoyA partir de esa experiencia decidió cambiar de proveedor y buscar otras alternativas. “No quería eso con los mates”, explica. Esa búsqueda terminó convirtiéndose en una de las premisas de Mate Verde: “Quiero que el cliente me busque por la calidad y el gusto de tomar mate y no por venderle barato y algo trucho”, dice.
Para Valentino, además, vender no termina cuando alguien paga. “No es sólo venderle y ya está. Es explicarle al cliente cómo se usa ese producto también”, sostiene. Por eso muchas veces se queda conversando, explica cómo preparar un mate o recomienda qué producto puede funcionar mejor.
Esa cercanía también aparece en las redes sociales. Valentino maneja personalmente las cuentas de "El Mate Verde" y allí combina los videos explicativos con contenido humorístico sobre situaciones cotidianas que cualquier matero puede reconocer: una mañana de sueño, la yerba que termina desparramada o esos pequeños accidentes que forman parte del ritual.
“Me hago amigo del cliente, me gusta ese vínculo”, asegura.
Lo que comenzó en la escuela de Chivilcoy empezó a viajar mucho más lejos. Valentino ya vendió productos a Misiones, Mendoza, Santa Cruz y Buenos Aires. Incluso recibió pedidos desde Brasil. Todo mientras continúa yendo a la Escuela Agraria y sostiene al emprendimiento como una actividad que, por ahora, mantiene como un pasatiempo.
“Lo hago como un hobby, digamos”, explica. Aunque inmediatamente recalca el proyecto que tiene en vista para más adelante: “En un futuro me quiero abrir mi propio local”, destaca.
La venta de productos materos tampoco es su única experiencia comercial. Valentino trabaja además con un socio de Buenos Aires en el bordado de gorras, chalecos y remeras. Pero su foco sigue puesto en los mates y en ese vínculo que construyó alrededor de ellos.
Un emprendimiento que ya cruzó las fronteras de Chivilcoy“A mí me gusta mucho el campo. Mi idea de vida a futuro es irme a vivir al campo. Pero esto del emprendimiento con el mate es como que lo llevo en el alma”, cuenta.
Y hay una razón para esa conexión: el mate estuvo presente desde que era chico. “Siempre tomé mate. Es un compañero para mí”, comenta.
Hace pocos días, ocurrió uno de esos momentos que difícilmente Valentino vaya a olvidar.
En la 74ª Exposición Rural, Agrícola, Ganadera, Industrial y Comercial de Chivilcoy, su emprendimiento obtuvo el tercer premio al mejor stand comercial. Valentino estaba acompañado por sus amigos cuando recibió la noticia.
“Yo justo giro y me dijeron: ‘tercer premio comercial para Mate Verde’”, recuerda. Al principio ni siquiera entendió que hablaban de él. “Me dijeron: ‘andá’, y yo les pregunté qué pasó. Me dijeron: ‘te nombraron a vos’”.
El mismo fin de semana también ocurrió otro episodio inesperado. Valentino no sabía que la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, iba a visitar la exposición cuando pasó por su stand.
Valentino junto a la vicepresidenta de la Nación, Victoria VillarruelÉl le explicó el emprendimiento de la misma manera que se lo explica a cualquier cliente. Le contó cómo había empezado, qué vendía y por qué había elegido determinados productos. Le regaló un mate ranchero, una bombilla, una de sus gorras y una yerba de las que consume habitualmente.
La escena tuvo una carga especial para Valentino, pero no solamente por quién tenía delante. “Cuando le explicaba a ella casi me largo a llorar”, cuenta. Y enseguida aclara que esa emoción ya había aparecido antes, mientras relataba su historia a otros visitantes.
Porque detrás de los productos hay una historia familiar. “Me acompañaron mis padres, mis amigos. Si no fuera por ellos, esto no lo podría lograr”, reconoce.
Por eso, aunque la fotografía con la vicepresidenta terminó convirtiéndose en una de las imágenes más llamativas de aquel fin de semana y llegó a los medios, Valentino tiene claro qué quiere que quede de su historia. "No quiero que la gente me reconozca sólo porque estuve con la vicepresidenta”, dice.
Lo que quiere es otra cosa. “Quiero que digan: ‘ahí va el chico de Mate Verde, ese que hace los videos graciosos’”, cuenta. O que lo reconozcan por algo todavía más sencillo: “Ese que te ayuda a armar el mate. Es domingo y te dice: ‘¿pasaste a buscar la yerba?’”.
Y quizás algo de eso ya empezó a pasar. A los 15 años, aquel chico que empezó vendiendo unos pocos paquetes de yerba para comprarse un teléfono ya tiene un emprendimiento que viaja por distintas provincias, un premio en la Rural de su pueblo y clientes que vuelven a buscarlo no sólo por lo que vende, sino por la forma en que lo vende.