Brasil convirtió la formación técnica en un punto explícito de su nueva política de minerales críticos. La Ley 15.506, sancionada el 16 de septiembre, creó instrumentos para investigación, transformación y capacitación. Un día después, la Agencia Nacional de Minería destacó una brecha concreta: menos de 50 investigadores brasileños tendrían formación específica en separación de tierras raras, una etapa decisiva para procesarlas dentro del país.
La escala del déficit es significativa frente a la industrialización prevista. El Centro de Gestión y Estudios Estratégicos propone formar al menos 500 especialistas hasta 2040 y calcula que una sola refinería puede requerir entre 80 y 120 técnicos e ingenieros especializados. La cifra complementa la cobertura previa de NewsDigitales sobre R$ 7.000 millones en incentivos: el capital puede financiar plantas, pero no reemplaza la formación científica.
Separar tierras raras significa aislar elementos que suelen aparecer mezclados y tienen propiedades químicas muy parecidas. Tras el beneficio mineral y la lixiviación, se requieren etapas de purificación y separación, a menudo mediante extracción por solventes, para obtener compuestos con la pureza necesaria. Ese trabajo combina química, ingeniería de procesos, laboratorios y plantas piloto capaces de llevar una ruta experimental hacia una operación industrial estable.
Brasil ya tiene núcleos de conocimiento, pero necesita multiplicarlos para operar a escala. El CETEM desarrolla tecnologías de separación por solventes y proyectos que conectan universidades, centros tecnológicos y empresas. El salto industrial exige químicos, metalurgistas, ingenieros de procesos, técnicos de planta y especialistas en materiales. Sin esa masa crítica, una inversión puede construir equipos antes de que exista suficiente personal para operarlos con autonomía.

La nueva ley intenta cerrar la brecha mediante una red nacional de investigación, desarrollo tecnológico y formación profesional. La norma permite integrar instituciones técnicas y universitarias, centros de investigación, empresas tecnológicas y organizaciones de capacitación. Sin embargo, la red no garantiza por sí sola los 500 especialistas propuestos: su alcance dependerá de reglamentación, financiamiento, becas, cursos y vínculos efectivos con plantas piloto y proyectos industriales.

El próximo indicador será cuántos programas y plazas de entrenamiento se activan para separación, refinación e imanes. El CGEE plantea un programa emergencial para 2027 y 2028 con maestrías, doctorados, especializaciones y capacitación nacional e internacional. La ejecución mostrará si Brasil puede convertir reservas e incentivos en conocimiento industrial propio o si la escasez de personal continúa limitando el valor agregado de sus tierras raras.