Donald Trump y Delcy Rodríguez tendrán el martes 22 de septiembre su primer encuentro presencial desde el cambio de poder ocurrido en Venezuela en enero. El embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz, explicó que será un “pull-aside”, una conversación más informal que una reunión bilateral completa, durante una recepción organizada por Trump en Nueva York. No se ha divulgado una agenda detallada.
La fecha coincide con el comienzo del debate general de la Asamblea General de Naciones Unidas, que se extenderá del 22 al 28 de septiembre. Pero la importancia de la conversación entre Washington y Caracas no reside solamente en el escenario diplomático: llega después de varios meses en los que la energía se convirtió en uno de los principales instrumentos para redefinir la relación entre ambos países.
A comienzos de septiembre, el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, participó en Caracas junto a Rodríguez en la firma de acuerdos con compañías internacionales. Wright afirmó entonces que los proyectos contemplaban más de USD 7.000 millones de inversión y planteó aproximadamente duplicar hasta 500.000 barriles diarios la producción vinculada a esas operaciones en un período de cinco años.
El desafío es considerable. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero su producción ronda actualmente 1,25 millones de barriles diarios, muy por debajo de los aproximadamente tres millones que llegó a producir a finales de la década de 1990. El acuerdo anunciado por Washington contempla una participación estadounidense amplia sobre determinados recursos y proyectos, aunque Reuters señaló que algunos mecanismos considerados pueden enfrentar interrogantes jurídicos y constitucionales dentro de Venezuela.

El encuentro permite observar una transformación más amplia: una relación que estuvo marcada durante años por sanciones, ruptura política y confrontación ha comenzado a incorporar inversión, producción energética y contacto directo al máximo nivel. Eso no elimina las controversias. María Corina Machado ha sostenido, por ejemplo, que la estabilidad de las inversiones requiere garantías democráticas e institucionales, una posición que introduce otra dimensión en la discusión sobre el modelo de apertura venezolana.

Por ahora, Washington no ha detallado si Trump y Rodríguez abordarán asuntos adicionales al petróleo. Precisamente allí estará el elemento a observar después del martes: si los canales creados alrededor de la energía comienzan a extenderse hacia comercio, inversiones, relaciones diplomáticas y otros asuntos bilaterales, o si el acercamiento continúa concentrado fundamentalmente en la industria petrolera. Lo confirmado hasta ahora es que el contacto pasa de negociaciones sectoriales a una conversación presencial entre ambos dirigentes.