Este martes 22 de septiembre comenzó en Nueva York el debate general de la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, y cada intervención activa una maquinaria que casi nunca aparece en cámara. Desde cabinas sobre el salón, intérpretes escuchan al orador y reproducen su mensaje casi al mismo tiempo para que delegados y público puedan seguirlo en árabe, chino, español, francés, inglés y ruso.
El sistema convierte un mismo discurso en varias experiencias simultáneas dentro del recinto. Cuando un mandatario habla en uno de los seis idiomas oficiales, sus palabras son interpretadas a los otros cinco; en los auriculares también puede elegirse el sonido original. La función cobra especial relevancia esta semana, con casi 130 jefes de Estado y de Gobierno convocados a la agenda de alto nivel que NewsDigitales ya sigue desde otros ejes.
La interpretación no consiste en traducir palabra por palabra mientras el orador avanza. El profesional escucha una idea, identifica su sentido, la reformula en otra lengua y controla su propia voz mientras recibe la frase siguiente. En la Asamblea, las cabinas suelen reunir equipos de dos o tres personas durante turnos de tres horas; cada intérprete toma el micrófono unos 20 o 30 minutos, un esquema descrito por la ONU.
La vista directa del salón también forma parte del trabajo. Los intérpretes observan al orador, sus gestos y las reacciones del público, y pueden apoyarse en una pantalla con su rostro. Si reciben el texto antes, lo usan como guía, pero siguen la intervención real porque un mandatario puede improvisar o alterar frases. La tarea exige atención lingüística, visual y contextual a la vez.

El principal enemigo es la velocidad. Naciones Unidas recomienda que los discursos en inglés se mantengan alrededor de 100 a 120 palabras por minuto, porque un ritmo mayor aumenta el riesgo de omisiones. También rige una regla jurídica: la interpretación facilita la comunicación, pero el discurso auténtico es el pronunciado en el idioma original. Si aparece una discrepancia, prevalece la intervención del orador.

Cuando un jefe de Estado habla en una lengua que no es oficial, su delegación debe aportar una interpretación o un texto en uno de los seis idiomas reconocidos para que la ONU distribuya después el mensaje a las demás cabinas. El mecanismo permite que la intervención llegue casi de inmediato a todo el salón, pero depende de preparación, coordinación y relevos constantes durante la semana de alto nivel.