23/09/2026 - Edición Nº1324

Internacionales

CRISIS HUMANITARIA

Sudán: escapar de la guerra y encontrar cada vez menos comida

23/09/2026 | Casi un millón de desplazados en Tawila reciben menos ayuda mientras la crisis alcanza a países vecinos.



Huir de El Fasher ya no garantiza encontrar suficiente comida. En Tawila, Darfur del Norte, unas 950.000 personas desplazadas dependen de una respuesta humanitaria que comienza a reducirse precisamente cuando las necesidades aumentan. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) advirtió este martes 22 de septiembre que la falta de financiación lo obligó a volver a recortar las raciones entregadas en la localidad, convertida en uno de los mayores centros de desplazamiento de Sudán. Muchas de las familias llegaron después de atravesar los aproximadamente 75 kilómetros que separan Tawila de El Fasher, una ruta marcada por la violencia y la inseguridad. 

El tamaño del cambio ayuda a dimensionar la crisis. Antes del desplazamiento masivo, Naciones Unidas estimaba que Tawila tenía unos 40.000 residentes; en febrero ya acogía a más de 715.000 desplazados y el PMA sitúa ahora la población desplazada en torno a 950.000. Entre quienes reciben asistencia hay numerosas mujeres que quedaron al frente de sus hogares después de perder familiares durante la guerra. El problema para ellas ya no es solamente haber perdido casa, ingresos o pertenencias: ahora deben hacer durar durante más tiempo una cantidad menor de alimentos. 

 


Sudán​, oficialmente República del Sudán​​, es uno de los cincuenta y cinco países que forman el continente africano. Su capital es Jartum y la ciudad más poblada es Omdurmán.

Una crisis de hambre dentro de una guerra

El conflicto comenzó en abril de 2023 entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y terminó extendiéndose por gran parte del país. Darfur volvió a convertirse en uno de sus principales escenarios. El Fasher soportó un prolongado asedio y combates que destruyeron infraestructura, restringieron la llegada de alimentos y provocaron nuevos desplazamientos hacia localidades como Tawila. En todo Sudán, cerca de 19,5 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria aguda, mientras unos 4,2 millones de mujeres y niños sufren desnutrición aguda, según los datos citados por el PMA. 

El organismo alcanza actualmente a más de cuatro millones de personas por mes, incluso en zonas amenazadas por la hambruna, pero sostiene que los recursos disponibles ya no acompañan el tamaño de la emergencia. Para mantener sus operaciones en Sudán hasta octubre necesitaba unos USD 579 millones. La reducción obliga a priorizar quién recibe alimentos y en qué cantidad. En Tawila eso significa raciones más pequeñas; en El Obeid, otro destino de miles de desplazados, el PMA reconoce que debe concentrar cada vez más la ayuda en quienes acaban de llegar. 


Casi un millón de desplazados en Tawila afrontan nuevos recortes de ayuda alimentaria.

El hambre cruza las fronteras

La advertencia publicada este martes no se limita a Sudán. En Sudán del Sur, hasta 3.000 refugiados y retornados cruzan semanalmente la frontera sudanesa, mientras 7,8 millones de habitantes del propio país ya enfrentan niveles elevados de inseguridad alimentaria. La escasez de recursos llevó al PMA a reducir su cobertura entre los refugiados y a concentrarla en unos 240.000 de los casos más vulnerables. Sin nuevas contribuciones, el organismo había advertido que esa asistencia podía agotarse después de septiembre. 


El PMA reduce raciones en Sudán mientras la crisis también golpea a Chad y Sudán del Sur.

La situación también alcanza a Chad, que recibe a una de las mayores poblaciones de refugiados sudaneses. El PMA asistió allí a unos 900.000 refugiados en agosto, pero durante septiembre tuvo que priorizar a quienes acababan de cruzar la frontera por falta de fondos. El país alberga alrededor de 1,4 millones de refugiados procedentes de Sudán, mientras la escasez de lluvias amenaza cosechas y pasturas locales. La consecuencia es una crisis que ya no sigue únicamente las líneas del frente: familias que escaparon de la guerra continúan desplazándose hacia territorios donde hay seguridad física, pero cada vez menos capacidad para garantizarles alimentos.