La Organización Meteorológica Mundial elevó este 23 de septiembre el foco sobre los efectos sanitarios de un El Niño que seguirá fortaleciéndose hacia fines de 2026. El organismo pidió convertir los pronósticos en decisiones tempranas ante calor extremo, inundaciones y sequías. La prioridad es anticipar demanda asistencial, proteger agua segura y reforzar la vigilancia de enfermedades sensibles al clima.
El riesgo no será uniforme ni significa que cada evento extremo pueda atribuirse directamente a El Niño. La Organización Mundial de la Salud lo trata como un modificador del riesgo, más grave donde coinciden exposición climática, sistemas sanitarios frágiles, inseguridad alimentaria o desplazamientos. News Digitales ya cubrió su fortalecimiento en Argentina; el nuevo foco incorpora la preparación de hospitales y comunidades.
El calor actúa por una vía directa y otra indirecta sobre la salud. Las temperaturas elevadas pueden agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales y metabólicas, mientras sequías e incendios empeoran el aire. Cambios en lluvia y temperatura también modifican criaderos y ciclos de mosquitos vinculados con dengue, malaria, chikungunya, fiebre amarilla y Zika, incluso en algunas zonas de mayor altitud.
En las Américas, la OPS advierte combinaciones distintas entre calor, sequía, lluvias e inundaciones según cada subregión. Centroamérica, el Caribe y la Amazonia enfrentan mayor estrés por calor o falta de agua, mientras sectores del Pacífico sudamericano y del Cono Sur pueden recibir más lluvias. África austral suma inseguridad alimentaria y malaria; Asia y varias islas del Pacífico, dengue, cólera o escasez hídrica.

Los hospitales pueden recibir más pacientes justo cuando su infraestructura también queda expuesta. Inundaciones dañan centros de salud, rutas y laboratorios, mientras sequías tensionan agua, energía y suministros. La OMS incluye malnutrición y enfermedades transmitidas por agua contaminada. El efecto sobre alimentos depende del territorio y de condiciones previas: no corresponde atribuir automáticamente a El Niño toda pérdida de cosechas o aumento de precios.

La preparación recomendada combina alertas de calor, vigilancia epidemiológica, control de vectores, agua segura y continuidad de centros sanitarios. También exige cruzar pronósticos meteorológicos con datos locales de enfermedades para decidir dónde reforzar personal, insumos y comunicación. El próximo paso es territorial: El Niño cambia probabilidades, pero el daño dependerá de la vulnerabilidad previa y de cuánto se anticipe cada sistema sanitario.