China envió a Cuba un nuevo lote de 5.000 sistemas solares fotovoltaicos, transportados en 200 contenedores y destinados a viviendas y centros públicos de zonas remotas. El arribo fue anunciado el 23 de septiembre por el embajador Hua Xin y continúa el proyecto de asistencia energética cuya primera entrega de materiales se formalizó en agosto para reforzar servicios básicos con suministro insuficiente.
El programa está previsto para los 169 municipios de Cuba y prioriza viviendas rurales aisladas, centros de salud, urgencias médicas, círculos infantiles, hogares sin amparo familiar y sucursales bancarias. La secuencia importa: la ceremonia del 7 de agosto correspondió al primer lote de materiales del nuevo proyecto de 5.000 sistemas, por lo que septiembre no debe contabilizarse automáticamente como otras 5.000 unidades independientes.
Cada sistema del proyecto de 2026 fue presentado con una potencia de 3,6 kW y una batería de 14,3 kWh. Si las 5.000 unidades comparten esas especificaciones, equivaldrían a unos 18 MW de capacidad fotovoltaica y 71,5 MWh de almacenamiento. La batería permite reservar energía diurna para consumos posteriores y sostener cargas esenciales cuando cae la generación solar.
Ese almacenamiento explica por qué la donación puede ser útil sin resolver por sí sola la crisis del Sistema Electroenergético Nacional. News Digitales ya mostró que el aporte solar cubano cae al anochecer, cuando la demanda sigue alta y pesan las averías térmicas. Estos equipos pueden sostener viviendas o servicios prioritarios, pero no reemplazan centrales, combustible ni capacidad firme para abastecer toda la red.

El anuncio también quedó atravesado por la disputa política entre La Habana y Washington. El canciller Bruno Rodríguez atribuyó parte de la presión energética al bloqueo y las sanciones de Estados Unidos, mientras China presenta la asistencia como cooperación bilateral. El efecto técnico dependerá de dónde se instalen los sistemas, del mantenimiento de baterías e inversores y de la disponibilidad de repuestos.

El próximo punto de control será la instalación efectiva de los 5.000 sistemas y la publicación de su distribución territorial. Para medir el impacto convendrá separar cuántas viviendas y entidades esenciales mantienen servicio autónomo y cuánto cambia el déficit de la red nacional. La ayuda puede mejorar la resiliencia local, pero su aporte al sistema solo podrá evaluarse cuando los equipos estén operativos y existan datos de funcionamiento.