Egipto confirmó el 30 de septiembre la liberación de ocho marineros egipcios del petrolero M/T Eureka, retenidos desde el 2 de mayo frente a Puntland, en Somalia. La Cancillería dispuso que su embajada en Mogadiscio los reciba, verifique su estado y facilite el regreso a Egipto en el primer vuelo disponible. El cautiverio terminó, pero la logística de retorno y la atención posterior siguen abiertas.
El caso se inscribe en un repunte de la piratería y los robos armados en el mar Rojo y el golfo de Adén. En julio, la Organización Marítima Internacional incluyó al Eureka entre tres buques con 44 marineros cautivos y registró 24 incidentes consumados o intentados en tres meses. La liberación reduce ese grupo de rehenes, aunque persiste el riesgo para quienes navegan por una zona entre Yemen, Somalia y Suez.
La respuesta durante un secuestro marítimo distribuye tareas entre varios actores y no termina con la liberación de la tripulación. El Estado de nacionalidad puede prestar asistencia consular; el Estado de pabellón conserva obligaciones sobre el buque, y el armador mantiene responsabilidades laborales. El Convenio sobre el Trabajo Marítimo establece que la repatriación, cuando procede, debe realizarse sin costo para el marino y con respaldo financiero.
Egipto mantuvo contactos con autoridades somalíes y yemeníes y facilitó comunicaciones entre los marineros y sus familias durante el cautiverio. Días antes de la liberación, el canciller Badr Abdelatty volvió a plantear el caso a su homólogo somalí dentro de una agenda bilateral de seguridad marítima. La OMI también reclama coordinación entre Estados costeros, Estados de pabellón y empresas para proteger a las tripulaciones.

La liberación no permite afirmar todavía cómo quedaron la salud, los salarios o las pertenencias de los ocho marineros. La Cancillería egipcia dispuso comprobar su estado al recibirlos en Mogadiscio, pero no publicó un parte médico ni detalló compensaciones. La normativa marítima prevé asistencia, repatriación y determinados gastos, aunque su aplicación concreta depende del contrato, del pabellón del buque y de las reglas laborales aplicables.

El próximo paso es completar la salida de Somalia y el regreso a Egipto, con los ocho tripulantes en condiciones adecuadas para viajar. Hasta esta tarde no apareció una comunicación oficial egipcia que confirme su llegada a El Cairo, por lo que la repatriación no debe presentarse como concluida. El caso del Eureka muestra que liberar a una tripulación termina el cautiverio, pero no la obligación de asistencia posterior.