El reclamo que comenzó con fotografías, publicaciones en redes sociales y una pregunta incómoda sobre el destino de uno de los símbolos históricos del Automóvil Club Argentino (ACA) terminó provocando una decisión oficial: el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires intimó a la institución a restituir el histórico tótem de su sede central de Avenida del Libertador 1850, después de determinar que su reemplazo no había contado con la autorización urbanística correspondiente.
La resolución representa un giro determinante en una controversia que NewsDigitales comenzó a documentar a principios de septiembre, cuando dio cuenta de la remoción de la pieza protegida y de los cuestionamientos formulados por el arquitecto y especialista en patrimonio Fabio Grementieri. Entonces todavía no existía una intimación oficial y el ACA defendía la colocación de una nueva estructura, inaugurada por César Carlos Carman, presidente del Automóvil Club Argentino, junto a Mohammed Ben Sulayem, titular de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), durante el Congreso Americano realizado en Buenos Aires.
Casi un mes después, las preguntas planteadas entonces adquirieron una dimensión institucional. La Ciudad confirmó que no se había iniciado previamente ningún trámite de visado o autorización ante la autoridad urbanística competente y ordenó actuar para preservar la pieza histórica.
La controversia comenzó cuando el tradicional “muñeco” del ACA desapareció de su histórico emplazamiento y fue sustituido por una estructura contemporánea, con iluminación y pantallas digitales.
El reemplazo no afectaba a un simple cartel. El Decreto 637/2017 había declarado Monumento Histórico Nacional al conjunto de la sede central del Automóvil Club y había individualizado expresamente sus tótems identificatorios como bienes protegidos.
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Fue Grementieri quien puso tempranamente el foco sobre ese punto.
“¿Se consultó a la Comisión Nacional de Monumentos? ¿Estamos frente a un delito?”, preguntó públicamente el especialista cuando se conoció la intervención.
El arquitecto fue más allá y definió al antiguo “muñeco” como un “ícono de la argentinidad” y un “emblema de la pasión argentina por los autos”, destacando su relevancia dentro de la arquitectura y el diseño nacional del siglo XX.
Aquellos interrogantes fueron recogidos por NewsDigitales en su primera investigación del caso. La cuestión central era sencilla pero determinante: ¿podía el ACA reemplazar por decisión propia un elemento expresamente alcanzado por una declaración de Monumento Histórico Nacional?
La respuesta administrativa llegó ahora.
La Ciudad confirmó que el reemplazo no estaba autorizado

La Secretaría de Gestión y Desarrollo Urbano de la Ciudad intimó formalmente al ACA a restituir el tótem y estableció un plazo de 24 horas hábiles.
El Gobierno porteño recordó que el edificio posee Protección Estructural dentro del Código Urbanístico y que cualquier intervención sobre un inmueble con esas características requiere autorización y visado previo de la Dirección General de Interpretación Urbanística.
Según informó oficialmente la Ciudad, ese procedimiento no había sido realizado antes del reemplazo.
“El tótem forma parte de la identidad histórica que el ACA desarrolló desde la década de 1930 para sus sedes y estaciones de servicio”, fundamentaron las autoridades porteñas.
La Ciudad incorporó además otro elemento relevante: reconoció expresamente la “preocupación expresada por organismos y vecinos respecto de la pérdida de un símbolo emblemático”.
De esta manera, aquello que había comenzado como un cuestionamiento de especialistas, socios, vecinos y defensores del patrimonio terminó convirtiéndose en un expediente que obligó al Estado a intervenir.
Grementieri no limitó su intervención a la denuncia pública.
El arquitecto impulsó una campaña en Change.org bajo la consigna “Reponer en su lugar original el Tótem Histórico del Automóvil Club Argentino”, que al momento de esta publicación registra 8.844 firmas verificadas.
La petición sostiene que el monumento representa la historia vial, el automovilismo y el turismo argentinos y reclama su regreso a la sede central.
El “muñeco” forma parte de una identidad visual que el ACA extendió durante décadas por rutas, ciudades y estaciones de servicio de todo el país. Para generaciones de automovilistas fue simultáneamente una señal, un punto de referencia y una representación de la presencia territorial de la institución.
El 7 de septiembre, NewsDigitales publicó la controversia y puso en conocimiento de sus lectores tanto la condición patrimonial del tótem como los interrogantes formulados por Grementieri.

La publicación reconstruyó el alcance del Decreto 637/2017, planteó la necesidad de establecer si había intervenido la Comisión Nacional de Monumentos y advirtió sobre las consecuencias que podía tener reemplazar una pieza expresamente protegida.
Un día después, el 8 de septiembre, este medio publicó la respuesta del Automóvil Club Argentino.
El ACA reconoció entonces que su Comisión Directiva, encabezada por el presidente César Carlos Carman, había aprobado y ratificado el reemplazo y explicó que peritos habían detectado fisuras y un “riesgo cierto e inminente” en una estructura de aproximadamente seis metros de altura y seis toneladas de peso.
La investigación permitió además identificar otra particularidad: el ACA posee su propia Comisión Asesora Especial de Patrimonio Histórico, coordinada por Eugenio Breard, mientras que Augusto Gitard participa de esa comisión y coordina al mismo tiempo el área de Infraestructura y Arquitectura.
Quedaba entonces una pregunta pendiente: qué participación habían tenido esas áreas especializadas antes de que la Comisión Directiva presidida por César Carman aprobara la sustitución.

La nueva etapa del caso presenta una contradicción que merece ser esclarecida.
En su primera respuesta, el ACA sostuvo que el tótem original “no podía ser reparado por las grietas que presentaba en su base” y explicó que solamente las piezas fundamentales y de mayor valor histórico habían sido resguardadas para una futura exhibición en un museo.
Esa explicación sugería un reemplazo definitivo.
Después de la intimación de la Ciudad, sin embargo, la institución comunicó que el reemplazo había sido provisorio, que el antiguo tótem está siendo restaurado y que será reinstalado en su emplazamiento original.
La diferencia entre ambas explicaciones deja un interrogante inevitable: si en septiembre el monumento “no podía ser reparado”, ¿qué cambió para que en octubre pueda ser restaurado y regresar a su lugar?
El Automóvil Club sostiene, no obstante, su explicación sobre la emergencia que motivó el retiro.

Óscar Peña, director de Asuntos Legales del ACA, afirmó que los daños estructurales representaban un peligro debido a las dimensiones de la pieza y a la circulación permanente existente frente a la sede.
“Privilegiamos evitar daños y males mayores”, sostuvo Peña al defender la actuación de la institución.
Según el ACA, el tótem tenía aproximadamente seis metros de altura y seis toneladas de peso y presentaba fisuras capaces de comprometer su estabilidad.
Ese argumento permite distinguir dos discusiones diferentes. Una es la eventual necesidad de retirar preventivamente una estructura ante un riesgo para la seguridad pública. La otra es qué procedimiento debía seguirse después para intervenir, restaurar o reemplazar un Monumento Histórico Nacional.
Es sobre este segundo punto donde la actuación oficial de la Ciudad introduce ahora un dato concreto: la autorización urbanística previa no existió.
La protección nacional agrega otra dimensión.
Por su condición patrimonial, la pieza no puede ser modificada o alterada prescindiendo de la intervención de los organismos competentes. La información conocida ahora indica que la Comisión Nacional de Monumentos tampoco había sido consultada previamente.
Paradójicamente, ese organismo tendrá ahora un papel central para revertir la situación.

El ACA informó que la restauración y reinstalación serán realizadas bajo la dirección de profesionales seleccionados por la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos.
El organismo cuya intervención se reclamaba cuando comenzó la controversia terminará así participando del proceso destinado a recuperar el monumento.
El desenlace provisional del caso también muestra cómo funcionan los mecanismos de protección cuando diferentes actores intervienen.
Primero apareció la advertencia de especialistas en patrimonio. Después llegaron las publicaciones periodísticas, la movilización en redes sociales, la petición de Grementieri y miles de adhesiones. Se sumaron vecinos y organizaciones preocupadas por el destino de la pieza. Finalmente intervino la autoridad pública.
La Ciudad reconoció explícitamente que la preocupación manifestada por “organismos y vecinos” formó parte del contexto de su actuación.
Por eso el caso trasciende la suerte de un cartel.
Pone en discusión quién puede decidir sobre un bien patrimonial, qué obligaciones tiene su propietario, qué responsabilidad poseen los organismos públicos y qué capacidad tiene una comunidad para reclamar cuando considera amenazada una parte de su memoria urbana.
La restitución constituye un giro sustancial y responde al principal objetivo de la campaña iniciada por Grementieri: que el tótem histórico vuelva a ocupar el lugar para el cual fue concebido.
Pero la decisión de la Ciudad no debería clausurar la investigación.
Todavía resta conocer quiénes fueron los peritos contratados originalmente por el ACA, qué establecieron exactamente sus informes, por qué la Comisión Directiva aprobó el reemplazo sin contar con el visado urbanístico previo, qué participación tuvo la Comisión de Patrimonio Histórico de la propia institución y por qué no se acudió inicialmente a la Comisión Nacional de Monumentos.
También queda pendiente aclarar la aparente contradicción entre las dos explicaciones del ACA: primero sostuvo que la estructura no podía repararse y que determinadas piezas serían destinadas a un futuro museo; ahora asegura que puede restaurarse y será reinstalada.
El episodio deja, sin embargo, una conclusión documental: el reemplazo que desató la controversia no contaba con la autorización urbanística previa correspondiente y el Gobierno porteño ordenó restituir el monumento.
Lo que comenzó como una alerta patrimonial terminó movilizando a especialistas, vecinos, miles de ciudadanos y autoridades públicas. Y el viejo “muñeco” del ACA, que durante semanas parecía destinado a convertirse en una pieza de museo, deberá regresar al paisaje urbano del que formó parte durante generaciones.