Ghana dio un paso diplomático para acercarse a los BRICS, el grupo de economías emergentes que reúne a China, India, Rusia, Brasil y otras siete naciones. El ministro de Asuntos Exteriores, Samuel Okudzeto Ablakwa, anunció el 6 de octubre que el gabinete del presidente John Dramani Mahama aprobó iniciar el procedimiento para solicitar la incorporación. La decisión fue comunicada durante la visita oficial del canciller indio, Subrahmanyam Jaishankar, a Accra. Sin embargo, el Gobierno todavía prepara su candidatura y no existe una admisión confirmada. La iniciativa busca ampliar las oportunidades comerciales y financieras, además de fortalecer la capacidad negociadora de Ghana frente a las principales potencias.
La decisión responde a un cambio en el equilibrio económico internacional. Los BRICS ampliaron su composición hasta alcanzar once miembros plenos, entre ellos Sudáfrica, Egipto y Etiopía, mientras Nigeria y Uganda participan como países socios. Para Ghana, incorporarse supondría acceder a un espacio de coordinación política y económica con mercados de gran escala. La apuesta no consiste necesariamente en sustituir a Estados Unidos o Europa por China y Rusia, sino en multiplicar sus alternativas de inversión, comercio y cooperación tecnológica. Esa diversificación podría darle mayor margen para negociar acuerdos, reducir dependencias y participar en debates sobre las reglas de la economía mundial.
La economía ghanesa aporta una explicación concreta al movimiento diplomático. Según el Servicio Estadístico de Ghana, el oro representó el 63,1% de las exportaciones nacionales durante 2025, una concentración que deja al país expuesto a las variaciones internacionales de precios. El cacao y el petróleo también ocupan posiciones relevantes en su estructura comercial. El Gobierno de Mahama pretende transformar esa dependencia mediante inversiones en procesamiento industrial, infraestructura, tecnología y generación de empleo. Una relación más estrecha con India, China y Brasil podría facilitar acuerdos para fabricar productos con mayor valor agregado, en lugar de limitarse a exportar materias primas.
El acercamiento ocurre después de una recuperación macroeconómica significativa. El Fondo Monetario Internacional concluyó en julio su programa de financiación de USD 3.000 millones y reconoció avances en estabilización, reservas internacionales y sostenibilidad de la deuda. No obstante, Ghana todavía necesita fortalecer sus cuentas públicas y diversificar la producción. Los BRICS representan una oportunidad adicional, no una garantía automática de financiación. El Nuevo Banco de Desarrollo, creado por los fundadores del grupo, tiene un procedimiento de adhesión propio y admite a países que no integran el foro. La estrategia de Accra consiste en conservar sus relaciones con el FMI, el Banco Mundial y sus socios occidentales mientras busca nuevas fuentes de capital.

La elección de India como interlocutor revela otra dimensión estratégica. Nueva Delhi ejerció la presidencia de los BRICS durante 2026 y organizó en septiembre una cumbre centrada en cooperación, innovación y desarrollo sostenible. Ghana mantiene vínculos históricos con el país asiático desde los tiempos de Kwame Nkrumah y Jawaharlal Nehru, dos referentes del Movimiento de Países No Alineados. El Gobierno ghanés ya solicitó asistencia diplomática india para avanzar con su candidatura. Jaishankar manifestó una actitud favorable hacia las aspiraciones de Accra, pero aclaró que la admisión requiere una evaluación colectiva de los integrantes. Ese requisito impide considerar la incorporación como un hecho consumado.

El desafío será transformar la iniciativa diplomática en beneficios económicos verificables. La pertenencia a los BRICS no establece automáticamente un tratado de libre comercio, ni elimina barreras comerciales o garantiza préstamos preferenciales. Tampoco asegura que las inversiones extranjeras generen industrias locales. Ghana necesitará negociar proyectos concretos, mejorar su infraestructura y crear condiciones estables para atraer capital productivo. Su apuesta refleja una tendencia de varios países africanos: utilizar la competencia entre grandes potencias para ampliar su autonomía internacional. El resultado dependerá menos del simbolismo de ingresar al grupo que de su capacidad para convertir nuevas asociaciones en empleo, industrialización y crecimiento sostenible.