11/10/2026 - Edición Nº1342

Internacionales

Dolor saudí

Riad llora a sus muertos: Arabia Saudita merece solidaridad y justicia

11/10/2026 | Doce personas murieron y 309 resultaron heridas en Riad. Las familias necesitan solidaridad y justicia.



El último viaje de Buthaina Ahmad Oweida fue una visita familiar. Tenía 56 años, era viuda y había dejado Siria durante la guerra. Vivía en La Meca y había viajado a Riad para visitar a su hermana. El sábado 10 de octubre, cuando regresaba a casa, murió en el ataque contra el Aeropuerto Internacional Rey Jalid. Dejó cuatro hijos. Su sobrina, Nisreen Oweida, contó su historia a Associated Press. Es una de esas pérdidas que permiten comprender lo que significa una tragedia más allá de los comunicados oficiales: una mujer que salió a encontrarse con su familia y nunca pudo regresar.

Buthaina fue una de las doce personas fallecidas y 309 heridas en el ataque contra el principal aeropuerto de la capital saudí. Entre los muertos había cuatro ciudadanos de Arabia Saudita y ocho residentes de otras nacionalidades: dos bangladesíes, un estadounidense, un egipcio, un jordano, un sirio, un palestino y un sudanés, según el balance oficial. Varias personas permanecían en estado crítico. Ambulancias y helicópteros trasladaron heridos a hospitales, mientras las autoridades suspendían las operaciones aéreas para evaluar los daños. En una ciudad acostumbrada a recibir viajeros de distintos rincones del mundo, una tarde de actividad habitual terminó convertida en una emergencia que alcanzó a familias dentro y fuera del país.

 


El principal aeropuerto de Riad, capital de Arabia Saudita, es el Aeropuerto Internacional Rey Khalid. 

Un dolor que traspasa las fronteras

Entre las víctimas también estaba Azza Ramzi Mohamed Hassan, una egipcia de 28 años que trabajaba como tripulante de cabina para la aerolínea saudí Flynas. Falleció a consecuencia de las heridas sufridas durante el ataque. El Ministerio de Exteriores de Egipto lamentó su muerte y expresó sus condolencias a la familia. La historia de Azza recuerda que los aeropuertos no son únicamente lugares de tránsito: son espacios de trabajo para miles de personas que sostienen una actividad indispensable. Su muerte y la de Buthaina muestran la dimensión de una tragedia que enluta a Arabia Saudita y, al mismo tiempo, alcanza a hogares de otras siete nacionalidades.

La indignación ante lo sucedido tiene un fundamento que no depende de posiciones políticas. Un aeropuerto civil no debería convertirse en escenario de muerte. La coalición encabezada por Arabia Saudita atribuyó el ataque a los hutíes de Yemen, aunque el grupo no había reivindicado formalmente la acción del sábado en los primeros informes. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, y su enviado especial para Yemen, Hans Grundberg, condenaron los ataques contra las instalaciones civiles saudíes y reclamaron su cese. Esa condena debe acompañarse de una investigación rigurosa que permita establecer responsabilidades. La justicia necesita pruebas, pero también la determinación de impedir que la muerte de civiles quede sin respuesta.

La solidaridad debe convertirse en protección y justicia

Arabia Saudita enfrenta ahora una responsabilidad inmediata: atender a los sobrevivientes, acompañar a las familias y recuperar las condiciones de seguridad. Las autoridades mantuvieron suspendidas las operaciones del aeropuerto y dispusieron que las escuelas de Riad desarrollaran sus clases a distancia ante la persistencia de las amenazas. En estas circunstancias, el liderazgo del príncipe heredero Mohammed bin Salman y la actuación de las instituciones saudíes adquieren especial relevancia. La confianza de una sociedad golpeada por la violencia se fortalece cuando encuentra protección efectiva, información clara y decisiones orientadas a preservar la vida. El país tiene derecho a exigir seguridad, y sus autoridades deben contar con el respaldo internacional necesario para proteger a sus ciudadanos y residentes dentro del derecho internacional.


Riad enfrenta el dolor de doce muertes mientras 309 heridos reciben atención hospitalaria.

La solidaridad con Arabia Saudita no debería agotarse en mensajes de condolencia. Debe expresarse en apoyo a los heridos, acompañamiento a quienes han perdido a sus seres queridos y cooperación para esclarecer el ataque y llevar ante la justicia a quienes resulten responsables. Ningún conflicto puede convertir la muerte de inocentes en un hecho aceptable. Hoy, detrás de cada nombre hay una familia que tendrá que aprender a vivir con una ausencia inesperada. Buthaina no volverá a encontrarse con sus cuatro hijos. Azza no regresará a su trabajo. Otras diez vidas también terminaron aquel sábado. Arabia Saudita merece paz, sus habitantes merecen protección y las víctimas merecen justicia.

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