La guerra entre Irán y sus adversarios regionales ha dejado al descubierto una vulnerabilidad que va más allá de los yacimientos petroleros: la dependencia de millones de personas de instalaciones capaces de transformar el agua de mar en agua potable. Una investigación de Reuters publicada este jueves revela que los ataques iraníes y de grupos aliados alcanzaron infraestructuras esenciales para el abastecimiento de agua, la producción de electricidad y el funcionamiento económico del Golfo Pérsico.
La agencia documentó al menos 135 ataques con drones y misiles contra 84 instalaciones en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Catar, Kuwait, Omán y Baréin desde el comienzo del conflicto, el 28 de febrero. El análisis de imágenes satelitales y testimonios de especialistas indica que numerosos impactos alcanzaron componentes particularmente sensibles, cuya destrucción puede paralizar instalaciones completas, incluso cuando los daños visibles parecen limitados.
Uno de los casos más delicados es Kuwait, donde aproximadamente el 90% del agua potable procede de plantas desalinizadoras. Según Reuters, al menos cuatro de sus ocho instalaciones combinadas de generación eléctrica y desalinización fueron atacadas entre marzo y julio. La dependencia de este sistema significa que una interrupción prolongada podría comprometer el suministro doméstico, las actividades hospitalarias y numerosos servicios esenciales.
La vulnerabilidad responde también a las características geográficas de la región. En territorios desérticos, donde los recursos hídricos naturales son escasos, desalinizar agua exige grandes cantidades de energía. Por eso, las centrales eléctricas y las instalaciones de tratamiento suelen funcionar de manera integrada. Un ataque contra determinados componentes puede afectar simultáneamente ambos servicios y multiplicar las dificultades para recuperar la normalidad.

La investigación también identificó daños en refinerías sauditas, instalaciones gasíferas de Catar y una subestación eléctrica situada junto a la central nuclear de Barakah, en Emiratos Árabes Unidos. El caso de Barakah despertó especial preocupación porque un ataque registrado el 17 de mayo obligó a uno de sus reactores a utilizar generadores diésel de emergencia. Estos episodios muestran cómo la ofensiva sobre componentes estratégicos puede producir consecuencias que exceden ampliamente el objetivo inmediato del impacto.

El interrogante para los gobiernos del Golfo ya no se limita a proteger sus exportaciones energéticas, sino a garantizar que sus poblaciones mantengan acceso continuo al agua y la electricidad. Aunque la investigación no establece un colapso generalizado del abastecimiento, sí evidencia la exposición de servicios indispensables ante ataques de precisión. Reconstruir instalaciones, diversificar las fuentes de suministro y fortalecer los sistemas de emergencia se convierten así en cuestiones centrales para la seguridad regional.