17/10/2026 - Edición Nº1348

Internacionales

Salud pontificia

León XIV recibe el alta: qué cambió tras las internaciones de los papas anteriores

17/10/2026 | Tras su operación de pulmón, el regreso al Vaticano reabre el debate sobre salud, gobierno y continuidad.



El papa León XIV recibió este sábado 17 de octubre el alta médica del Policlínico Agostino Gemelli de Roma y regresó al Vaticano después de cinco días de hospitalización. El pontífice, de 71 años, abandonó el centro sanitario caminando, saludó a pacientes y fieles, y mostró una evolución favorable tras la operación del 13 de octubre, durante la cual le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho por un adenocarcinoma.

La noticia representa un avance importante en su recuperación, pero también reabre una cuestión que ha acompañado a la Iglesia católica durante décadas: qué sucede con el ejercicio del poder pontificio cuando un Papa enfrenta una enfermedad grave y hasta qué punto el alta hospitalaria garantiza el retorno a sus responsabilidades habituales.

La decisión de permitirle regresar a sus aposentos se produjo después de que los médicos Luigi Carbone y Stefano Margaritora evaluaran sus análisis de sangre, radiografías torácicas y evolución clínica. Según la información difundida por Vatican News, la recuperación posoperatoria es satisfactoria. Sin embargo, recibir el alta no significa necesariamente que el tratamiento oncológico haya concluido: todavía deben conocerse los resultados definitivos del análisis del tumor y determinar si corresponde alguna intervención complementaria. La situación adquiere una dimensión institucional porque el Papa concentra la máxima autoridad de la Iglesia católica y su agenda incluye decisiones pastorales, diplomáticas y administrativas que pueden verse modificadas por su estado físico.

 


La Ciudad del Vaticano, una ciudad estado ubicada dentro de Roma, Italia, es la sede central de la Iglesia Católica Romana.

Juan Pablo II: dos altas médicas antes del final de un pontificado

La historia de las enfermedades papales contemporáneas tiene uno de sus capítulos más significativos en Juan Pablo II, cuyo pontificado estuvo atravesado por reiteradas intervenciones médicas. En mayo de 1981 sobrevivió al atentado perpetrado por Mehmet Ali Ağca en la plaza de San Pedro y debió someterse a una operación de urgencia. Posteriormente afrontó una cirugía por un tumor benigno de colon en 1992, fracturas y otras hospitalizaciones. Durante sus últimos años, la enfermedad de Parkinson deterioró progresivamente su movilidad y capacidad de expresión. Pese a esas dificultades, Karol Wojtyła decidió permanecer al frente de la Iglesia, convirtiendo su fragilidad física en una dimensión visible de su pontificado y obligando a sus colaboradores a adaptar numerosas actividades públicas.

El episodio más revelador ocurrió en 2005, cuando Juan Pablo II recibió dos altas hospitalarias en poco más de un mes. La primera fue el 10 de febrero, después de permanecer internado por complicaciones respiratorias asociadas a una gripe. Sin embargo, el 24 de febrero volvió al Gemelli y fue sometido a una traqueotomía para facilitar su respiración. El 13 de marzo regresó nuevamente al Vaticano, aunque necesitó continuar con los tratamientos y la convalecencia. Apenas 20 días después, el 2 de abril, falleció a los 84 años. Aquella experiencia demostró que una salida hospitalaria podía representar una estabilización temporal sin revertir el deterioro general del paciente. También evidenció que la Iglesia podía mantener sus estructuras de gobierno mientras su máxima autoridad encontraba serias dificultades para participar personalmente en celebraciones, viajes y encuentros.


Juan Pablo II recibió dos altas en 2005, pero la segunda precedió por 20 días a su muerte.

Benedicto XVI: de una operación menor a una renuncia histórica

El caso de Benedicto XVI fue diferente, tanto por la naturaleza de sus problemas médicos como por las decisiones que adoptó posteriormente. El 17 de julio de 2009, cuando tenía 82 años, sufrió una caída durante sus vacaciones en el Valle de Aosta, al norte de Italia, y se fracturó la muñeca derecha. Fue trasladado al hospital Umberto Parini, donde recibió atención quirúrgica con anestesia local. Según la información publicada entonces por RTVE, la operación resultó satisfactoria y el pontífice abandonó el establecimiento ese mismo día. A diferencia de Juan Pablo II, aquella intervención no representó una amenaza grave para la continuidad de su pontificado, aunque evidenció las dificultades físicas que podían acompañar a un jefe religioso de edad avanzada.

Cuatro años después, el 11 de febrero de 2013, Joseph Ratzinger protagonizó una decisión que transformó la historia reciente del Vaticano. Benedicto XVI anunció su renuncia al considerar que ya no contaba con las fuerzas físicas y espirituales necesarias para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Su decisión, efectiva desde el 28 de febrero, no fue consecuencia directa de la fractura sufrida en 2009 y tampoco estuvo precedida por una hospitalización comparable a las de Juan Pablo II. En su declaración oficial, explicó que el vigor del cuerpo y del espíritu era indispensable para gobernar la Iglesia en un mundo sometido a transformaciones aceleradas. Su renuncia confirmó que un pontífice podía optar por dejar el cargo ante sus limitaciones, una posibilidad contemplada en el derecho canónico que contrastó con la decisión de su antecesor de permanecer hasta la muerte.


Benedicto XVI recibió el alta en 2009; cuatro años después, renunció por falta de fuerzas.

Francisco: hospitalizaciones, recuperación y continuidad del gobierno

El pontificado de Francisco volvió a colocar al hospital Gemelli en el centro de la atención internacional. En julio de 2021, Jorge Mario Bergoglio permaneció internado durante diez días después de una cirugía intestinal relacionada con una estenosis diverticular del colon. En marzo de 2023 regresó al establecimiento por una bronquitis y, en junio de ese mismo año, debió afrontar una nueva intervención abdominal para corregir una hernia y retirar adherencias de operaciones anteriores. Recibió el alta el 16 de junio, después de nueve días de hospitalización, pero los médicos recomendaron limitar temporalmente determinadas actividades. La Santa Sede mantuvo su participación en el Ángelus dominical, aunque canceló la audiencia general del 21 de junio para proteger su recuperación. El precedente mostró que regresar al Vaticano no siempre equivalía a recuperar inmediatamente una agenda completa.

Su crisis sanitaria más grave llegó en febrero de 2025, cuando una infección respiratoria derivó en una neumonía bilateral que exigió 38 días de hospitalización, desde el 14 de febrero hasta el 23 de marzo. Francisco volvió entonces a la residencia de Santa Marta, donde continuó con tratamientos farmacológicos y fisioterapia respiratoria, dentro de una convalecencia que los médicos estimaban en aproximadamente dos meses. Durante su internación había mantenido parte de sus tareas mediante nombramientos, mensajes y decisiones administrativas, una muestra de que la actividad institucional podía continuar pese a su ausencia pública. No obstante, falleció el 21 de abril de 2025, 29 días después de recibir el alta. El certificado oficial de defunción identificó un ictus cerebral y un colapso cardiovascular irreversible como causas de su muerte, con antecedentes respiratorios entre sus condiciones médicas. Su evolución no constituye un pronóstico aplicable a León XIV, pero recuerda que la recuperación hospitalaria y la evolución posterior son procesos diferentes.

León XIV y el desafío de recuperar su agenda sin comprometer su salud

La situación de Robert Francis Prevost presenta diferencias sustanciales respecto de sus antecesores. Su adenocarcinoma fue detectado accidentalmente durante estudios abdominales rutinarios, cuando todavía no presentaba síntomas respiratorios, según explicó su cirujano. La intervención se efectuó sobre una lesión localizada y su evolución permitió adelantar la salida del hospital. Además, el pontífice mantuvo algunas funciones durante la internación, incluyendo una conversación telefónica con el presidente ruso, Vladímir Putin, en la que abordó la situación humanitaria en Ucrania y solicitó facilitar la asistencia a los civiles. Esa actividad diplomática demuestra que el gobierno de la Iglesia no quedó suspendido durante su hospitalización, aunque tampoco implica que León XIV esté preparado para retomar de inmediato todos sus compromisos. La diferencia entre capacidad de decisión y resistencia física será especialmente relevante durante las próximas semanas.

El primer acontecimiento previsto después de su alta será el Ángelus del domingo 18 de octubre, que León XIV rezará desde la ventana del Palacio Apostólico. La siguiente prueba institucional será su viaje programado a Uruguay, Argentina y Perú, entre el 6 y el 17 de noviembre. Stefano Margaritora, responsable de la cirugía, declaró a Vatican News que calcula aproximadamente diez días adicionales para una recuperación física completa y que, desde el punto de vista clínico actual, no observa motivos para impedir la gira. Sin embargo, todavía deben completarse las evaluaciones oncológicas y mantenerse el seguimiento médico. Las experiencias de Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco permiten identificar tres respuestas distintas ante los límites de la salud pontificia: permanecer en funciones pese al deterioro, renunciar voluntariamente o adaptar el ejercicio del gobierno durante la recuperación. León XIV inicia ahora una nueva etapa en la que su evolución médica, más que las expectativas sobre su agenda, deberá determinar el ritmo de su regreso.

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