El Tribunal Superior Electoral de Brasil aprobó el 16 de octubre nuevas reglas para identificar canales vinculados con campañas. La reforma, votada por unanimidad, incorpora tres artículos a la normativa de propaganda digital. La decisión del TSE alcanza mensajería con difusión pública, foros y otras plataformas. Los canales asociados deben registrarse; la afinidad política de sus usuarios no demuestra dependencia.
La disputa judicial por el canal Exército do Lula aceleró la definición de criterios comunes. El espacio, administrado por el diputado André Janones, fue registrado por la campaña de Lula el 13 de octubre, que negó asumir su gestión. El debate afecta también a redes de Flávio Bolsonaro, su rival en el balotaje del 25. Se agrega a la preocupación por videos sintéticos y desinformación durante la campaña.
El artículo 33-E establece seis indicios independientes para vincular un canal con una campaña. Incluyen financiación, personal o materiales aportados habitualmente, soporte técnico, invitaciones desde perfiles oficiales, derivación coordinada de seguidores y directivas sobre contenidos. Basta acreditar uno, pero el artículo 33-F exige pruebas objetivamente verificables. Comprobantes de gasto, publicaciones oficiales e instrucciones documentadas pueden mostrar coordinación; compartir mensajes públicos, por sí solo, no demuestra dependencia.
El respaldo espontáneo de simpatizantes queda fuera del registro obligatorio por ese solo hecho. Tampoco bastan una recomendación aislada del candidato ni su participación ocasional en una publicación sin pago ni continuidad. Es diferente que los administradores reciban directivas frecuentes o que una cuenta oficial promocione invitaciones para sumar seguidores. La autoridad electoral debe demostrar hechos concretos y no presumir vínculos a partir de coincidencias ideológicas.

Los administradores y las campañas vinculadas comparten la obligación de cuidar la legalidad de las publicaciones. El artículo 33-G prohíbe utilizar esos canales para difundir material manipulado o fabricado que presente hechos falsos o descontextualizados. La reiteración de infracciones puede llevar a la indisponibilidad del canal, además de otras responsabilidades. El registro no significa que toda publicación irregular produzca automáticamente una sanción: cada situación requiere comprobación.

Las reglas serán relevantes hasta el balotaje del 25 de octubre y en futuras disputas sobre canales electorales. Las campañas deberán comunicar los espacios que financien, gestionen u orienten; los jueces examinarán las pruebas de cada vinculación. En paralelo, el TSE abordó con Meta la preservación de metadatos de WhatsApp para entregarlos por orden judicial. La finalidad es distinguir organización de campaña de expresión autónoma.

La disputa por los canales digitales revela un problema más profundo de las elecciones brasileñas: la creciente intervención de la Justicia en la competencia política. Durante los nueve días posteriores a la primera vuelta, el Tribunal Superior Electoral registró 162 procedimientos de representación y derecho de respuesta, frente a los 51 contabilizados en el mismo período de 2022, un aumento del 217,65%. La confrontación entre las campañas de Lula y Flávio Bolsonaro ha trasladado buena parte de la batalla electoral a los tribunales, donde se discuten publicaciones, contenidos generados mediante inteligencia artificial y responsabilidades sobre plataformas de mensajería. El desafío para el TSE consiste en establecer criterios previsibles que permitan sancionar las irregularidades sin convertir la actividad política cotidiana de los ciudadanos en objeto de sospecha judicial.
La participación de las empresas tecnológicas añade otra dimensión al conflicto. El 15 de octubre, representantes de Meta confirmaron ante el TSE que las publicaciones de los canales de WhatsApp no utilizan el mismo cifrado que las conversaciones privadas y que conservarán los metadatos de aquellos canales involucrados en procesos electorales, para entregarlos cuando exista una orden judicial. Esta diferencia resulta fundamental porque permite investigar determinadas operaciones de propaganda sin equiparar automáticamente un canal público con una conversación personal. Sin embargo, la eficacia de las nuevas reglas dependerá de que los jueces puedan distinguir una estructura organizada para influir en el electorado de miles de ciudadanos que simplemente comparten sus preferencias políticas. La transparencia electoral exige pruebas, pero también garantías para que la fiscalización no restrinja indebidamente la libertad de expresión.