19/10/2026 - Edición Nº1350

Internacionales

Política agrícola

La UE negocia más cultivos proteicos para reducir las importaciones de soja

19/10/2026 | El Consejo aprobó una posición parcial para impulsar cultivos proteicos, pero debe acordar su financiación.



El Consejo de la Unión Europea aprobó este 19 de octubre una posición negociadora parcial sobre los mercados agrícolas del presupuesto 2028-2034. El acuerdo institucional propone crear un sector de cultivos proteicos y oleaginosas para aumentar la producción europea y reducir la dependencia de importaciones agrícolas. La decisión no es una ley vigente ni asigna fondos.

Europa depende de insumos ricos en proteínas para alimentar su ganadería. La Comisión Europea calcula que solo el 25,8 % de las proteínas de oleaginosas y cultivos proteicos utilizadas como pienso procede del bloque. Durante 2024-2025 importó 13,4 millones de toneladas de proteína contenida en soja en grano y harina, principalmente desde Brasil, Argentina y Estados Unidos.

 

La negociación afecta a los 27 países de la UE.

Cómo funcionarían los nuevos apoyos agrícolas

El proyecto reemplazaría el sector de forrajes desecados por otro dedicado a cultivos proteicos y oleaginosas. Los países podrían reconocer organizaciones de productores para participar en intervenciones sectoriales, destinadas a sostener ingresos y estabilizar mercados. La coordinación favorecería inversiones en almacenamiento y procesamiento. El mandato no establece subsidios individuales ni obliga a aumentar superficies sembradas.

Fortalecer la oferta europea no significa prohibir la soja sudamericana. Más producción local podría reducir riesgos de abastecimiento, pero Brasil y Argentina conservarían oportunidades sujetas a precios y regulación. Las compras anticipadas de harina de soja argentina ilustran cómo los importadores ajustan operaciones ante exigencias ambientales. El incentivo agrícola negociado ahora es distinto de las condiciones comerciales de acceso a Europa.

Colza florecida en Alsacia, Francia

Colza en Alsacia. 0x010C / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

La meta de 2035 y los recursos pendientes

El plan europeo presentado en julio busca elevar al 35 % para 2035 la participación local en proteínas destinadas a alimentación animal. Frente al 25,8 % de partida, la diferencia equivale a 9,2 puntos porcentuales, no a eliminar importaciones. La rentabilidad inferior de ciertos cultivos, las carencias de procesamiento y los costos de inversión son obstáculos que podrían limitar la expansión productiva.

Plántulas de soja en Véneto, Italia

Soja en Véneto. Andrea Pavanello / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0 IT.

La Presidencia del Consejo negociará el texto con el Parlamento Europeo, mientras sigue abierto el debate presupuestario. Los apoyos agrarios quedarían vinculados a futuros planes nacionales y regionales, sin montos determinados. Para evaluar resultados habrá que revisar el presupuesto definitivo, el reglamento y las decisiones de cada Estado miembro. Por ahora existe una posición negociadora, no un nuevo programa de ayudas en funcionamiento.

Ucrania y la innovación agrícola entran en la estrategia europea

La diversificación del abastecimiento también podría beneficiar a Ucrania, que produce aproximadamente 13,5 millones de toneladas de proteínas vegetales y exporta el 60 % de ese volumen. La Comisión Europea considera que el país tiene capacidad para desempeñar un papel más importante como proveedor del mercado comunitario. Esta posibilidad introduce una dimensión geopolítica en la reforma agrícola: reducir la concentración de las importaciones no necesariamente implica comprar menos al exterior, sino ampliar la cantidad de socios comerciales y fortalecer las cadenas de suministro frente a conflictos, restricciones comerciales o alteraciones de los precios internacionales.

La innovación tecnológica representa otro componente de la estrategia. Los programas europeos de investigación han destinado más de 190 millones de euros al desarrollo de cultivos proteicos, mediante proyectos relacionados con semillas, productividad y sostenibilidad. Entre las alternativas figuran variedades adaptadas a diferentes condiciones climáticas, técnicas para reducir el uso de fertilizantes y un mejor aprovechamiento de subproductos agrícolas. El desafío será trasladar esos avances a explotaciones comercialmente competitivas, especialmente entre pequeños y medianos productores. Sin mejoras de productividad e infraestructura, aumentar las superficies cultivadas no garantizará una reducción sostenible de la dependencia exterior.