23/10/2026 - Edición Nº1354

Internacionales

Elecciones parlamentarias

Netanyahu todavía puede seguir en el poder: el dato que cambia la elección en Israel

23/10/2026 | Israel votará el 27 de octubre con encuestas cambiantes, una oposición fragmentada y alianzas decisivas. El primer ministro aún tiene posibilidades.



Benjamín Netanyahu afronta una de las elecciones más complejas de su trayectoria política, pero los sondeos disponibles no permiten descartar su continuidad al frente del Gobierno de Israel. El país celebrará elecciones parlamentarias el martes 27 de octubre para renovar los 120 escaños de la Knésset, en una competencia marcada por las consecuencias de la guerra, la seguridad nacional y la reorganización de las fuerzas opositoras. Una encuesta de Lazar Research publicada este viernes por Maariv atribuye 48 bancas al bloque de partidos que respaldan al primer ministro y 54 a la oposición sionista. Aunque el resultado representa un retroceso para el oficialismo, ningún bloque alcanza por sí solo los 61 escaños que constituyen la mayoría absoluta.

La composición del Parlamento explica por qué una ventaja opositora no garantiza automáticamente un cambio de gobierno. Israel utiliza un sistema proporcional en el que las listas compiten por representación nacional y posteriormente deben negociar apoyos para formar un Ejecutivo. Una mayoría de 61 diputados permite sostener una coalición con una posición parlamentaria sólida, pero conseguirla exige acuerdos entre partidos con programas, liderazgos y prioridades diferentes. Netanyahu conoce profundamente ese funcionamiento institucional: durante sus distintos mandatos ha combinado el respaldo del Likud con fuerzas religiosas y conservadoras. Esa experiencia constituye uno de sus principales activos políticos ante unas elecciones cuyo resultado podría depender más de las negociaciones posteriores que de la posición individual de cada partido.

 


Israel, oficialmente Estado de Israel, es un estado soberano de Asia occidental ubicado en la región de Oriente Próximo, en el Levante mediterráneo.

Las encuestas muestran un escenario menos uniforme de lo que parece

La estimación difundida por Maariv no es idéntica a los resultados de otros institutos. Un promedio de los diez relevamientos más recientes, actualizado hasta el 23 de octubre por el sitio especializado The State of Israel, asigna aproximadamente 54 escaños al bloque de derecha y partidos religiosos, 50 a las fuerzas de la oposición sionista, dos a sectores no alineados y 14 a las listas árabes. Se trata de una media de encuestas, no de una predicción definitiva. La comparación evidencia que la posición parlamentaria de Netanyahu cambia considerablemente según el encuestador, el momento del relevamiento y las agrupaciones incluidas en cada bloque. La divergencia obliga a interpretar con cautela cualquier titular que presente una victoria o derrota como inevitable.

Una de las principales variables es el umbral electoral del 3,25%, exigido para que una lista obtenga representación en la Knésset. En la encuesta de Maariv, el partido People of Israel, encabezado por Ofer Winter, aparece con aproximadamente el 3% de los votos, insuficiente para conseguir escaños. Su exclusión afecta el reparto final entre las demás fuerzas, mientras otras agrupaciones pequeñas se encuentran cerca del límite legal. El mismo estudio muestra que la entrada o salida de partidos minoritarios puede modificar varias bancas del tablero parlamentario. Para Netanyahu, la posibilidad de reunir apoyos dependerá tanto de la fortaleza del Likud como del rendimiento electoral de las fuerzas que podrían integrar una coalición conservadora.


Netanyahu conserva posibilidades de gobernar pese a los sondeos adversos.

La oposición crece, pero necesita convertir sus diferencias en acuerdos

El principal desafío del primer ministro procede del exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, cuyo partido Yashar obtiene 21 escaños en el último relevamiento de Maariv, frente a los 19 atribuidos al Likud. Otra fuerza importante es Together, la alianza vinculada con los ex primeros ministros Naftali Bennett y Yair Lapid, que alcanza 15 diputados en esa misma medición. Las cifras reflejan la capacidad de los adversarios de Netanyahu para disputar su liderazgo, pero también ponen de manifiesto una característica decisiva del escenario israelí: la oposición no se presenta como una única organización con una dirección política incuestionada. Sus dirigentes deberán resolver quién encabezaría una eventual coalición y qué compromisos aceptarían para sostenerla.

Las listas árabes añaden otra dificultad a las negociaciones. Su representación estimada ronda los 14 escaños en varios relevamientos, pero esos diputados no pueden sumarse automáticamente a una coalición liderada por Eisenkot o Bennett. Las diferencias sobre seguridad, identidad nacional, relaciones con los palestinos y participación gubernamental limitan las combinaciones posibles. Ese es uno de los elementos que mantienen abierta la competencia pese al desgaste de Netanyahu: una mayoría de partidos contrarios al primer ministro no constituye necesariamente una mayoría capaz de investir y sostener al mismo Ejecutivo. Para desplazarlo, sus adversarios deben transformar el rechazo compartido a su continuidad en un programa gubernamental común y políticamente viable.


El Likud mantiene aliados decisivos antes de las elecciones del 27 de octubre.

La seguridad nacional vuelve a definir el liderazgo israelí

La trayectoria de Netanyahu está vinculada a su defensa de una política de seguridad firme frente a Hamás, Hezbolá e Irán. Sus partidarios consideran que su experiencia internacional, sus relaciones diplomáticas y su conocimiento del aparato de defensa constituyen ventajas en un entorno regional todavía inestable. Sin embargo, el mismo asunto ha alimentado críticas profundas contra su administración desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, que dejaron aproximadamente 1.200 muertos y 251 secuestrados. La responsabilidad institucional por las fallas de seguridad previas al ataque y el desarrollo posterior de las operaciones militares siguen siendo cuestiones centrales del debate público, sin que la experiencia acumulada del primer ministro elimine la necesidad de rendición de cuentas.

Las dificultades se observan especialmente en las comunidades del norte de Israel afectadas por los enfrentamientos con Hezbolá. Algunos antiguos votantes del Likud cuestionan la recuperación económica, la seguridad y la posibilidad de regresar a sus hogares, mientras otros mantienen su confianza en las políticas del primer ministro o reclaman una respuesta militar todavía más severa. Estas diferencias explican por qué el descontento no beneficia exclusivamente a los partidos centristas. Una parte del electorado puede trasladarse hacia otras fuerzas de derecha sin abandonar necesariamente el espacio político favorable a una coalición conservadora. El desafío de Netanyahu consiste en recuperar respaldo sin perder a los aliados que necesita para construir una mayoría parlamentaria.


La oposición israelí enfrenta dificultades para conseguir 61 diputados.

La negociación posterior podría resultar más importante que el primer puesto

El nuevo estudio de Maariv incorpora un dato significativo para anticipar el escenario posterior a la votación: el 60% de los consultados prefiere la formación de un gobierno de unidad nacional si las elecciones no producen una mayoría clara. Dentro de ese grupo, el 33% quiere que sea encabezado por un dirigente del bloque opositor, el 19% prefiere a Netanyahu y el 8% no expresa una preferencia personal siempre que exista un acuerdo. El resultado demuestra que el primer ministro conserva un sector dispuesto a respaldarlo incluso en una fórmula más amplia, aunque también evidencia que la opción de un liderazgo alternativo cuenta con mayor apoyo dentro de esa pregunta. La negociación podría volverse decisiva si ninguna coalición logra reunir suficientes diputados.

Las elecciones del 27 de octubre pondrán a prueba tanto la resistencia electoral de Netanyahu como la capacidad de sus adversarios para construir una alternativa estable. El primer ministro llega debilitado en determinadas encuestas, enfrenta cuestionamientos por la guerra y continúa sometido a procesos judiciales, cuyas responsabilidades deberán establecer los tribunales. Pero conserva una organización partidaria relevante, aliados históricos y una prolongada experiencia en la formación de gobiernos. Su continuidad no está garantizada, pero tampoco puede descartarse a partir de una sola estimación parlamentaria. La verdadera definición comenzará con el escrutinio y continuará cuando los partidos deban demostrar si poseen los acuerdos necesarios para gobernar Israel en una etapa de profundas tensiones internas y regionales.