Entre abril de 2019 y noviembre de 2022, Israel celebró cinco elecciones legislativas. Las votaciones del 9 de abril y el 17 de septiembre de 2019 no produjeron nuevos gobiernos; las de marzo de 2020 y marzo de 2021 permitieron formar coaliciones, pero ambas terminaron anticipadamente. La quinta elección, el 1 de noviembre de 2022, abrió otra etapa parlamentaria.
La inestabilidad surgió de la distancia entre ganar bancas y reunir apoyos para gobernar. La Knéset posee 120 escaños y el umbral electoral era del 3,25% de los votos válidos: los partidos pequeños podían ser decisivos. El presidente encargaba formar gobierno, pero ningún aspirante podía asumir sin confianza parlamentaria. Una mayoría estable necesitaba 61 diputados, aunque la investidura podía aprobarse con menos votos favorables.
La crisis comenzó antes de las urnas, cuando se rompió la coalición gobernante anterior. Las discrepancias sobre el reclutamiento de estudiantes ultraortodoxos complicaron sus acuerdos. El 9 de abril de 2019, Likud y Azul y Blanco obtuvieron 35 bancas cada uno. Avigdor Lieberman, con cinco diputados de Israel Beitenu, rechazó las concesiones sobre el servicio militar exigidas por los aliados religiosos.
Sin los votos de Lieberman, la mayoría que buscaba el Likud no se concretó. La Knéset aprobó su disolución el 29 de mayo de 2019, sin investir un nuevo gabinete. En septiembre, Azul y Blanco encabezó el reparto con 33 escaños, frente a 32 del Likud. La Lista Conjunta consiguió 13 e Israel Beitenu, ocho: ni las negociaciones de unidad ni los intentos sucesivos de formar gobierno prosperaron.

Tras el fracaso de los encargos a Netanyahu y Benny Gantz, el Parlamento volvió a disolverse el 11 de diciembre de 2019. El 2 de marzo de 2020, Likud obtuvo 36 escaños, Azul y Blanco 33 y la Lista Conjunta 15. Tampoco surgió una mayoría sencilla. La pandemia aceleró el acuerdo entre antiguos rivales, aunque parte de Azul y Blanco rechazó incorporarse al Ejecutivo.
El 17 de mayo de 2020 nació un gobierno de unidad, aprobado por 73 votos contra 46. Su pacto establecía que Netanyahu y Gantz se turnarían como primeros ministros. La fórmula cayó en diciembre porque no se aprobó el presupuesto dentro del plazo legal. Persistió el desacuerdo entre los socios y se activó la disolución automática. Gantz nunca llegó a ejercer la rotación pactada.
La cuarta elección, el 23 de marzo de 2021, dio 30 bancas al Likud y 17 a Yesh Atid. El primer intento de formar gobierno fracasó; después Yair Lapid articuló ocho partidos, desde la derecha hasta la izquierda. Yamina, con siete escaños, aportó al primer ministro Naftali Bennett. Ra'am, con cuatro, se convirtió en el primer partido árabe en integrar formalmente una coalición de gobierno israelí.
El 13 de junio de 2021, la alianza Bennett-Lapid obtuvo la confianza parlamentaria por 60 votos contra 59 y una abstención. Su estrecho margen agravó los choques sobre religión, seguridad y legislación. En abril de 2022, la salida de Idit Silman privó a la coalición de su mayoría. El 30 de junio, 92 diputados votaron la disolución de la Knéset; Lapid asumió el 1 de julio.

El 1 de noviembre de 2022, el Likud ganó 32 escaños y Yesh Atid, 24. Cuatro listas del bloque de derecha y partidos religiosos sumaron 64 diputados, favorecidas también porque Meretz y Balad no superaron el umbral electoral. Esta vez hubo acuerdo: el 29 de diciembre asumió el 37.º gobierno, integrado por seis partidos, con respaldo de una mayoría parlamentaria propia.
El balance distingue dos fracasos de formación en 2019 de dos gobiernos efectivamente constituidos que terminaron anticipadamente. Israel Beitenu condicionó el primer bloqueo; los partidos ultraortodoxos defendieron exigencias sobre reclutamiento; Ra'am hizo viable el acuerdo de 2021. La fragmentación, las incompatibilidades programáticas y las reglas de disolución explican el ciclo, sin reducirlo a la trayectoria de un único dirigente. La mayoría alcanzada en 2022 puso fin a aquella sucesión electoral.