27/10/2026 - Edición Nº1358

Internacionales

Elecciones Israel 2026

Netanyahu lidera los sondeos de salida en Israel, pero no logra una mayoría para gobernar

27/10/2026 | El Likud encabeza las proyecciones iniciales, pero los dos bloques quedan sin mayoría para formar el gobierno.



Los primeros sondeos de salida de las elecciones legislativas de Israel, celebradas este martes 27 de octubre, colocan al Likud de Benjamin Netanyahu como la fuerza con mayor representación individual en la próxima Knéset, pero sin una mayoría parlamentaria asegurada para continuar gobernando. Las estimaciones iniciales de las principales cadenas israelíes atribuyen al partido del primer ministro entre 24 y 25 escaños, frente a los 21 a 23 que obtendría Yashar!, encabezado por el exjefe militar Gadi Eisenkot. Sin embargo, el desempeño individual del Likud no resuelve el problema central de la elección: ninguno de los bloques políticos tradicionales aparece con los 61 diputados necesarios para controlar la mayoría de un Parlamento de 120 miembros.

Una de las estimaciones difundidas al cierre de la votación situó al bloque de Netanyahu en 55 escaños, a las principales fuerzas opositoras en 49 y a los partidos árabes en 16. Esa distribución, todavía pendiente de corroboración directa con la publicación original del sondeo, refleja un escenario de fragmentación. Las proyecciones de otras cadenas presentan cifras diferentes, con aproximadamente 50 diputados para el oficialismo, entre 50 y 53 para la oposición y entre 17 y 18 para las formaciones árabes. Las diferencias impiden establecer una distribución definitiva, pero coinciden en un aspecto fundamental: la primera fotografía electoral no concede a Netanyahu ni a sus adversarios una mayoría parlamentaria propia.

 


Israel, oficialmente Estado de Israel, es un estado soberano de Asia occidental ubicado en la región de Oriente Próximo, en el Levante mediterráneo.

Ganar las elecciones no significa conservar el gobierno

El sistema político israelí introduce una diferencia decisiva entre convertirse en el partido más votado y disponer de los apoyos para formar un Ejecutivo. A diferencia de los regímenes presidenciales, los ciudadanos israelíes eligen listas partidarias que reciben representación proporcional en la Knéset. Posteriormente, el presidente de la República consulta a los partidos parlamentarios y encarga la formación del gobierno a un diputado que considere capaz de reunir los apoyos necesarios. Por lo tanto, el liderazgo del Likud en los sondeos constituye un dato políticamente relevante para Netanyahu, pero no implica que su continuidad como primer ministro esté garantizada.

Si el bloque oficialista terminara con los 55 escaños que presenta una de las estimaciones, necesitaría sumar al menos seis diputados adicionales para alcanzar una mayoría absoluta. La cuestión no se limita a una operación aritmética, porque sus actuales aliados incluyen partidos religiosos y nacionalistas con posiciones específicas sobre el reclutamiento militar, la legislación religiosa, la seguridad y las competencias del poder judicial. La posibilidad de ampliar esa alianza dependería de acuerdos con otras fuerzas parlamentarias, algunas de las cuales han expresado públicamente su rechazo a integrar un nuevo gobierno encabezado por Netanyahu. Las negociaciones podrían resultar más determinantes que la diferencia inicial de escaños entre los dos grandes bloques.

Los partidos árabes adquieren un papel decisivo

La representación de los partidos árabes aparece como uno de los elementos fundamentales del nuevo equilibrio parlamentario. Las primeras estimaciones sitúan conjuntamente a la Lista Conjunta y Ra'am en una posición relevante, con una representación que podría superar la obtenida en las elecciones anteriores. Su eventual peso legislativo abre interrogantes sobre la participación de estas formaciones en acuerdos parlamentarios, votaciones de confianza o mecanismos de apoyo externo. Sin embargo, sería incorrecto considerar automáticamente sus diputados como integrantes del bloque encabezado por Eisenkot, porque mantienen agendas propias y diferencias políticas tanto entre ellos como respecto de los partidos judíos de la oposición.

Esta separación entre los bloques explica por qué una suma de escaños aparentemente suficiente no se convierte necesariamente en una coalición de gobierno. Las formaciones centristas, nacionalistas, liberales y de izquierda que cuestionan a Netanyahu tampoco comparten posiciones idénticas sobre la cuestión palestina, el servicio militar, la seguridad interior o la organización institucional del Estado. Algunos de sus dirigentes han descartado acuerdos gubernamentales con partidos árabes, mientras otros admiten fórmulas de cooperación parlamentaria. La oposición enfrenta, por consiguiente, una dificultad comparable a la del oficialismo: transformar una posible mayoría numérica en un entendimiento político capaz de sostener un Ejecutivo.

La participación histórica modifica el escenario electoral

La jornada estuvo marcada por una participación excepcionalmente elevada. El Comité Central Electoral comunicó que el 66,7% del electorado había votado hasta las 18:00, hora israelí, frente al 57,7% registrado en el mismo horario de 2022. Posteriormente, la concurrencia alcanzó el 74,3% a las 20:00, cuando todavía faltaban dos horas para el cierre general de los centros de votación. La movilización se extendió a localidades árabes, ciudades mixtas y otros sectores del país, aunque con importantes diferencias territoriales. Estos niveles de participación representan una señal de la relevancia social atribuida a los comicios, pero no permiten determinar por sí mismos qué fuerza política se beneficia.

La elevada asistencia también obliga a interpretar con prudencia las encuestas a boca de urna. Estos estudios proyectan la distribución parlamentaria mediante muestras de votantes, pero pueden registrar desviaciones cuando existen cambios importantes en la composición del electorado o partidos próximos al umbral de representación. En Israel, las listas necesitan obtener como mínimo el 3,25% de los votos válidos para acceder a la Knéset. Una diferencia relativamente pequeña alrededor de ese porcentaje puede dejar fuera del Parlamento a una formación y modificar la asignación de varios escaños. Por eso, el desempeño de los partidos minoritarios y el posterior recuento de las papeletas especiales pueden alterar la configuración presentada durante las primeras horas de la noche.


Proyecciones de la elección. 

La continuidad de Netanyahu entra en una nueva fase

El escenario recuerda las dificultades de gobernabilidad que atravesó Israel entre 2019 y 2022, cuando se celebraron cinco elecciones legislativas debido a la incapacidad de los partidos para constituir o sostener mayorías duraderas. Aquel período demostró que una fuerza puede conservar una base electoral importante sin conseguir los acuerdos indispensables para gobernar. También dejó en evidencia el papel de las agrupaciones minoritarias y la capacidad de los dirigentes para negociar alianzas que inicialmente parecían incompatibles. La nueva elección vuelve a colocar esas características estructurales en el centro de la política israelí, ahora bajo el impacto de las consecuencias del 7 de octubre de 2023 y de los conflictos posteriores.

Una vez conocidos los resultados oficiales, el presidente Isaac Herzog deberá consultar a las fuerzas parlamentarias antes de encomendar la formación del próximo gobierno. El diputado designado dispondrá inicialmente de 28 días para intentar constituir un Ejecutivo, con la posibilidad de recibir una prórroga de hasta 14 días. Si fracasa, la legislación contempla nuevas alternativas de designación y negociación antes de una eventual repetición electoral. Por ahora, Netanyahu aparece al frente de la principal fuerza individual según los primeros sondeos, pero sigue sin tener asegurada su continuidad en el poder. La decisión dependerá del escrutinio definitivo, de la composición de los bloques y de los acuerdos que puedan construirse después de las urnas.

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