El dirigente opositor israelí Gadi Eisenkot reaccionó este martes 27 de octubre a las primeras encuestas a boca de urna con una declaración que busca marcar el comienzo de una nueva etapa política en Israel. El líder de Yashar sostuvo que las proyecciones reflejan una profunda desconfianza hacia el primer ministro Benjamin Netanyahu y hacia el Gobierno que estaba en funciones durante los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Aunque todavía no existen resultados oficiales, Eisenkot afirmó que actuará para reemplazar al actual Ejecutivo y promover una nueva coalición. Su pronunciamiento representa una declaración de intenciones, no una proclamación de victoria electoral.
El exjefe del Estado Mayor israelí aseguró que, si las tendencias preliminares se confirman, el resultado constituiría una victoria de lo que denominó la mayoría nacional sionista de Israel. La expresión revela una estrategia política dirigida a presentar el eventual reemplazo de Netanyahu como una renovación del liderazgo nacional y no como una ruptura con los fundamentos del Estado. Sin embargo, la interpretación del dirigente debe distinguirse de los datos electorales: las encuestas a boca de urna no equivalen al escrutinio oficial y tampoco permiten determinar, por sí solas, qué candidato conseguirá los apoyos parlamentarios necesarios para gobernar.
Eisenkot llega a esta instancia electoral con una trayectoria que lo diferencia de buena parte de sus competidores. Fue jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel entre 2015 y 2019, después de desarrollar una extensa carrera militar vinculada con la seguridad nacional y las operaciones estratégicas. Su incorporación a la política le permitió construir una candidatura asentada en la experiencia institucional y en la promesa de recuperar la confianza de los ciudadanos. Al frente de Yashar, el dirigente intenta representar una alternativa que combine firmeza en materia de defensa con reformas políticas, responsabilidad gubernamental y una reorganización de las prioridades del Estado.
El proyecto político de Eisenkot no se presenta como una transformación radical del modelo israelí. Su programa defiende el carácter judío y democrático del Estado, el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, una mayor independencia institucional y un sistema de obligaciones nacionales más equitativo. Entre sus propuestas destaca la ampliación del servicio militar o nacional, un asunto especialmente controvertido por las exenciones que afectan a sectores ultraortodoxos. Cuando promete impulsar un gobierno sionista comprometido con la movilización y el servicio, también plantea una discusión sobre la distribución de las responsabilidades ciudadanas, una cuestión que podría condicionar los acuerdos con los partidos religiosos después de las elecciones.
תוצאות המדגם הראשוניות מצביעות על אי אמון מוחלט בנתניהו וממשלת השבעה באוקטובר, של הרוב הציוני ושל רוב אזרחי ישראל. אם אלו התוצאות הסופיות זהו נצחון לרוב הממלכתי-ציוני בישראל. אפעל באופן מיידי למימוש הכרעת העם, להחלפת ממשלת נתניהו ולהקמת ממשלת גיוס ציונית, בהקדם האפשרי.
— Gadi Eisenkot - גדי איזנקוט (@gadi_eisenkot) October 27, 2026
La declaración del dirigente incorpora deliberadamente los acontecimientos del 7 de octubre de 2023, que continúan ocupando un lugar central en el debate público israelí. Aquellos ataques expusieron graves fallas de seguridad e inteligencia y abrieron una controversia sobre las responsabilidades de las autoridades políticas y militares. Eisenkot ha convertido la necesidad de esclarecer esos errores en uno de los argumentos de su campaña. Su posición posee además una dimensión personal: perdió a su hijo Gal y a dos sobrinos durante la guerra en Gaza. Esa experiencia acompaña su discurso sobre el sacrificio militar, las obligaciones del Estado y la responsabilidad de quienes toman decisiones sobre seguridad.
La acusación política contra Netanyahu, sin embargo, no debe confundirse con una determinación judicial o institucional definitiva sobre las responsabilidades individuales por los acontecimientos de 2023. El primer ministro ha defendido su gestión de la seguridad nacional y continúa reivindicando sus decisiones durante los conflictos posteriores. Eisenkot plantea que el cambio de Gobierno permitiría abrir una etapa distinta de rendición de cuentas y reconstrucción institucional. La discusión electoral enfrenta así dos interpretaciones del liderazgo en tiempos de crisis: la continuidad que propone Netanyahu y la renovación que impulsa su principal adversario, sin que una eventual victoria en las urnas sustituya los procedimientos formales de investigación.

Uno de los principales desafíos del líder de Yashar consiste en mantener unidos a sectores que comparten su oposición a Netanyahu, pero mantienen diferencias importantes sobre economía, seguridad, religión y política territorial. La coordinación opositora incluye a dirigentes como Naftali Bennett, Avigdor Lieberman, Yair Lapid y Yair Golan, procedentes de espacios ideológicos distintos. Su objetivo compartido de reemplazar al primer ministro permitió establecer mecanismos de cooperación durante la campaña, aunque esa convergencia no constituye todavía un acuerdo para integrar un Ejecutivo. La declaración de Eisenkot intenta trasladar esa coordinación electoral hacia una posible negociación de gobierno.
La representación parlamentaria de los partidos árabes añade una dificultad decisiva. Su eventual capacidad de influir sobre la formación del próximo Ejecutivo podría resultar significativa si las principales fuerzas sionistas no alcanzan una mayoría. Sin embargo, dentro de la propia oposición existen posiciones divergentes sobre la posibilidad de contar con esos apoyos, y Eisenkot ha expresado objeciones a incorporar a Ra'am en un gobierno encabezado por él. La idea de una mayoría nacional sionista adquiere, en este contexto, un significado político concreto: busca articular una alternativa dentro de determinadas fuerzas parlamentarias, pero no resuelve automáticamente la necesidad de reunir los votos suficientes para sustituir a Netanyahu.

Las primeras encuestas a boca de urna difundidas al cierre de la votación ofrecen escenarios distintos, aunque varias sitúan al bloque opositor por delante del encabezado por Netanyahu, sin otorgarle una mayoría propia. Algunas proyecciones ubican a la oposición sionista alrededor de 52 o 53 escaños, frente a aproximadamente 50 del bloque gubernamental, con una representación significativa de los partidos árabes. Estas cifras son estimaciones estadísticas y pueden modificarse durante el recuento. Además, la ventaja de un bloque sobre otro no implica necesariamente que su dirigente se convierta en primer ministro. En una Knéset de 120 integrantes, la capacidad de construir apoyos parlamentarios será tan importante como la distribución final de los escaños.
El futuro político de Eisenkot dependerá, por tanto, de una segunda competencia que comenzará cuando se conozcan los resultados oficiales, cuya publicación está prevista para el 4 de noviembre. El presidente Isaac Herzog deberá consultar a las fuerzas parlamentarias y encomendar la formación del Gobierno a un legislador con posibilidades de conseguir los apoyos necesarios. El candidato designado dispondrá inicialmente de 28 días, con una posible prórroga de hasta 14 días. Mientras tanto, Netanyahu continuará ejerciendo sus funciones hasta que se constituya un nuevo Ejecutivo. La declaración de Eisenkot abre una ofensiva política para disputar el poder, pero su verdadera prueba será convertir el rechazo que atribuye a los electores en una mayoría capaz de gobernar Israel.