El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, encabeza el reparto provisional de bancas tras las elecciones legislativas del 27 de octubre, pero no consigue por ahora la mayoría necesaria para formar un gobierno con sus aliados tradicionales. El bloque integrado por el Likud y los partidos religiosos y de derecha alcanza una proyección de 53 escaños, frente a los 48 del sector opositor encabezado por Gadi Eisenkot y los 19 de las formaciones árabes. Los datos, actualizados este miércoles 28 de octubre, reflejan un Parlamento profundamente dividido, en el que ningún bloque dispone por sí solo de los 61 votos necesarios para asegurar una mayoría absoluta.
La Comisión Electoral Central avanzó durante la jornada en el escrutinio de los votos ordinarios y los medios israelíes informaron de su finalización, aunque permanece pendiente la contabilización de los sufragios emitidos mediante doble sobre. En su corte de las 14:32, hora israelí, la autoridad electoral registraba 4.854.102 votos válidos, correspondientes a un escrutinio equivalente al 85,6% del total estimado de sufragios emitidos. La participación electoral alcanzó el 77,7%, una de las más elevadas de las últimas décadas. La distribución de bancas continúa siendo provisional y podría modificarse cuando ingresen los votos pendientes.
El Likud de Netanyahu continúa como la primera fuerza política del país, con una proyección de 26 bancas y más de un millón de votos en el último desglose consultado. Sus socios tradicionales presentan resultados más ajustados: Judaísmo Unido de la Torá, Shas y Poder Judío obtendrían siete escaños cada uno, mientras que la alianza Sionismo Religioso-Identidad alcanzaría seis. La suma de estas organizaciones sitúa al bloque oficialista en 53 bancas, ocho por debajo del umbral de 61. Aunque Netanyahu conserva una posición central en la política israelí, el resultado representa un obstáculo importante para reconstruir una coalición exclusivamente integrada por sus actuales aliados.
Del otro lado, la formación Yashar!, encabezada por el exjefe militar Gadi Eisenkot, conseguiría 21 bancas y se consolidaría como la segunda fuerza parlamentaria. La alianza Beyachad, impulsada por Naftali Bennett y Yair Lapid, obtendría 12 escaños, mientras que Los Demócratas alcanzarían ocho e Israel Beitenu, de Avigdor Lieberman, sumaría siete. Estos resultados dejan al bloque opositor con 48 bancas, cinco menos que el sector liderado por Netanyahu. La fragmentación evidencia que el crecimiento de una alternativa política no se traduce automáticamente en una mayoría capaz de sustituir al actual primer ministro.
Una de las novedades más importantes de estas elecciones es el avance de las organizaciones políticas árabes, que alcanzarían conjuntamente 19 bancas, una representación histórica. La Lista Conjunta obtendría 12 escaños, mientras que Ra'am, dirigida por Mansour Abbas, conseguiría siete. El resultado modifica la distribución parlamentaria y otorga a estas formaciones una capacidad de influencia superior a la prevista en buena parte de los escenarios anteriores a la votación. Sin embargo, su representación no constituye un bloque automáticamente integrado en una coalición alternativa, debido a las diferencias políticas existentes con varios dirigentes de la oposición.
La importancia de esos 19 escaños se comprende al observar la aritmética parlamentaria: los 48 diputados proyectados para el bloque de Eisenkot y los 19 de las fuerzas árabes sumarían 67, seis por encima de la mayoría absoluta. No obstante, esa suma representa únicamente una posibilidad matemática y no un acuerdo político. Algunos dirigentes opositores mantienen reservas sobre la participación o el respaldo de partidos árabes en un futuro gobierno, mientras que las propias formaciones árabes presentan posiciones diferentes sobre seguridad, política territorial y cuestiones institucionales. La posibilidad de desalojar a Netanyahu dependerá, por tanto, de acuerdos concretos y no solamente del número total de diputados contrarios a su continuidad.
Israel’s Central Elections Committee has updated the interim results, after counting 85.6% of the votes. Netanyahu’s bloc remains at 53 seats, Gadi Eisenkot’s bloc has gone up to 48 seats and the Arab-led parties, the Joint List and Ra’am, now stand at 19 seats. https://t.co/2lzUnMhhsc
— Al Jazeera English (@AJEnglish) October 28, 2026
La Comisión Electoral Central calcula que entre 430.000 y 480.000 votos emitidos mediante doble sobre deben incorporarse al resultado. Este mecanismo permite votar fuera del centro electoral ordinario a determinados grupos, entre ellos militares, integrantes de las fuerzas de seguridad, pacientes hospitalizados y representantes diplomáticos. Antes de contabilizarlos, las autoridades verifican la identidad de los electores y comprueban que no existan duplicaciones. Su incorporación puede alterar el reparto de bancas, especialmente entre partidos separados por diferencias pequeñas, aunque no existe una base suficiente para anticipar a qué bloque favorecerán esos sufragios.
También será determinante el umbral electoral del 3,25% de los votos válidos, exigido para ingresar en la Knéset. La lista de los Reservistas-Económica, vinculada a Yoaz Hendel, registraba aproximadamente el 2,63% de los sufragios, mientras que Amchá Israel, encabezada por Ofer Winter, alcanzaba alrededor del 1,61%. Si estas formaciones permanecen debajo del mínimo legal, quedarán sin representación y sus votos no se traducirán en escaños propios. El resultado definitivo de las fuerzas que se encuentran cerca del umbral podría modificar la distribución parlamentaria y condicionar las futuras negociaciones.

A pesar de no disponer de mayoría, Netanyahu conserva la iniciativa política dentro de la derecha israelí y ha expresado su intención de constituir un gobierno nacional de ese signo. Su estrategia dependerá de mantener cohesionados a los partidos religiosos y conservadores, así como de explorar eventuales entendimientos con sectores situados fuera de su bloque actual. El principal obstáculo es que algunas de las organizaciones que podrían proporcionar los escaños necesarios han construido sus campañas sobre la promesa de no integrarse en un Ejecutivo encabezado por el actual primer ministro. Romper esos compromisos tendría un costo político considerable y exigiría negociaciones sobre seguridad, servicio militar, reformas institucionales y distribución de ministerios.
Eisenkot enfrenta una dificultad diferente: dispone de una alianza parlamentaria menor que la de Netanyahu, pero podría contar con el apoyo de una mayoría de diputados que se oponen a la continuidad del primer ministro. El dirigente de la Lista Conjunta manifestó su disposición a facilitar un cambio de gobierno, aunque todavía no existe un pacto confirmado para concretarlo. El presidente Isaac Herzog pidió a las fuerzas políticas que afronten las negociaciones con disposición al diálogo y eviten conducir al país hacia unas nuevas elecciones. Paralelamente, el Likud presentó denuncias de presuntas irregularidades electorales en localidades árabes que serán examinadas por la Comisión Electoral Central. Esas acusaciones no constituyen, por sí mismas, pruebas de fraude.
El escenario que dejan las elecciones del 27 de octubre mantiene a Netanyahu como dirigente del bloque más numeroso, pero sin una victoria parlamentaria suficiente para garantizar su continuidad durante una nueva legislatura. La incorporación de los votos pendientes, la distribución definitiva de los escaños y las consultas que posteriormente realizará el presidente de Israel serán determinantes para conocer qué dirigente recibe el encargo de formar gobierno. Hasta entonces, las cifras de 53 bancas para Netanyahu, 48 para Eisenkot y 19 para los partidos árabes deben tratarse como proyecciones basadas en el escrutinio y no como resultados definitivos. El desafío ya no consiste únicamente en determinar qué fuerza obtuvo más votos, sino en establecer quién podrá reunir una mayoría políticamente viable en una Knéset profundamente fragmentada.