ACNUR y OIM alertaron este viernes 6 de noviembre de 2026 que los refugios de emergencia en Sudán podrían quedarse sin suministros por falta de fondos. La respuesta colectiva de alojamiento necesita USD 179 millones para este año y solo recibió el 35 %. La advertencia comprende a quienes siguen huyendo de la guerra y a las familias que regresan a comunidades donde sus viviendas fueron destruidas.
El comunicado conjunto calcula que 15,4 millones de personas necesitan refugio y artículos domésticos esenciales, pero solo 936.000 obtuvieron asistencia. La escasez obliga a priorizar a una de cada diez personas necesitadas. No significa que todas las demás duerman al aire libre: indica que el sistema humanitario carece de recursos para cubrir las necesidades básicas de millones de desplazados y retornados.
La escasez de materiales ya afecta las operaciones. La OIM distribuyó más de 40.000 carpas durante 2026, pero advirtió que sus depósitos están vacíos. El jueves 5 llegaron 16 camiones a Darfur con las últimas existencias de esa cadena de abastecimiento. Sin recursos adicionales, el envío no puede reponerse y las organizaciones ven limitada su capacidad para atender a nuevas familias.
La brecha financiera del programa de refugios supera los USD 116 millones. El 35 % recibido equivale aproximadamente a USD 62,7 millones frente a una necesidad total de USD 179 millones. Ese presupuesto sostiene la compra y distribución de materiales para alojamiento temporal y objetos domésticos básicos. La falta de fondos reduce las reservas disponibles en zonas donde continúan los desplazamientos, como expone la declaración conjunta de ACNUR y OIM.
En los lugares de desplazamiento, dos de cada cinco familias sobreviven bajo láminas plásticas. Las lluvias de este año destruyeron cientos de carpas en Tawila, Darfur del Norte, mientras se acerca el invierno. Los materiales no sirven únicamente para cubrirse: mantas, esterillas y lámparas solares ofrecen abrigo, privacidad y mayor protección a mujeres, niños y personas mayores durante las noches.

El regreso a una localidad de origen no garantiza encontrar una casa habitable. Más de 5,2 millones de personas han vuelto a distintas zonas de Sudán, muchas después de estar desplazadas dentro del país. Parte de ellas encontró edificios saqueados, viviendas destruidas y servicios interrumpidos. Recibir materiales de refugio puede determinar si una familia logra permanecer allí o debe iniciar otro desplazamiento.
La dimensión nacional incluye a unos 8,6 millones de desplazados internos y más de 4,6 millones de personas que cruzaron fronteras. Las cifras no deben sumarse automáticamente a los retornados, porque describen poblaciones y momentos diferentes. Desde abril de 2023, los combates entre el Ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido provocaron sucesivos movimientos de familias y saturaron la capacidad de las comunidades receptoras.
Los ataques y las dificultades logísticas también destruyeron existencias. Dos ataques con drones alcanzaron transportes de ACNUR este año: en abril se perdieron refugios para más de 1.300 familias cerca de Tawila y en julio fueron destruidas 50 toneladas de mantas, esterillas y lámparas en Nilo Blanco. Las carreteras dañadas y la inseguridad complican trasladar los materiales restantes hasta los lugares de mayor necesidad.

El invierno agrega presión sobre las familias sin alojamiento adecuado. En Darfur las noches pueden ser muy frías y en sectores del norte las temperaturas descienden a un solo dígito. La crisis de refugios coincide con un llamamiento humanitario nacional de USD 2.900 millones que había obtenido alrededor del 47 % de su financiación. Los recursos no alcanzan para sostener todas las respuestas esenciales. El deterioro de la asistencia alimentaria ya había sido abordado por News Digitales en su cobertura de Tawila.
ACNUR y OIM buscan mantener una red conjunta de abastecimiento con organizaciones locales y ubicar suministros cerca de las poblaciones más expuestas. La prioridad inmediata es conseguir aportes flexibles que permitan comprar materiales y reponer depósitos. Los próximos resultados se medirán por las familias atendidas y los refugios efectivamente distribuidos. La advertencia no implica una suspensión total de la asistencia, sino un riesgo creciente de interrupciones, como detalla el informe oficial de Naciones Unidas en Ginebra.