La senadora nacional del Frente de todos (FdT), Anabel Fernández Sagasti, denunció la difusión de datos personales de los senadores oficialistas en el debate donde se trataba el proyecto de reforma judicial.

Anoche, mientras se debatía acaloradamente en el Senado el proyecto de reforma judicial, la legisladora mendocina Anabel Fernández Sagasti, por el Frente de Todos (FdT), denunció que en redes sociales tuvieron lugar intimidaciones hacia senadores oficialistas que incluyeron la publicación de sus «teléfonos y direcciones». También dio el nombre de quien amenazó a la presidenta del Senado y vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.

La senadora Fernández Sagasti es una de las voceras habituales de las posiciones políticas que impulsa el Gobierno, y anoche pidió una interrupción de la palabra al jefe de los senadores del Frente de Todos, José Mayans, para solidarizarse con la vicepresidenta por la amenaza sufrida a través de la red social Twitter por parte de un periodista identificado como Eduardo Prestofelippo, oriundo de la provincia de Córdoba.

Enseguida, la senadora agregó que «se han creado dos cuentas en redes sociales que han publicado los teléfonos particulares, en mi caso los teléfonos de las casa de mis padres, y también las direcciones de todos los senadores y senadoras que estamos defendiendo este proyecto de reforma judicial».

Fernández Sagasti llamó a la oposición a no incitar con sus discursos el odio para evitar acciones que buscan amedrentarQuiero llamar a la reflexión a la oposición. porque cuando incitamos el odio en la ciudadanía suceden esta cosas», destacó la senadora oficialista.

El senador Martín Lousteau se sumó al reclamo de la senadora. «Sumamos enérgicamente nuestro repudio a esas amenazas», declaró, seguramente a raíz de que hace algunos años también fue víctima de un episodio de amenaza en la vía pública, también por cuestiones vinculadas con votos legislativos y la grieta política.

Sin embargo, Lousteau finalizó, en su cuestión de privilegio, que «todos tenemos que hacer tener cuidado con las formas, porque en tiempos extraordinarios y de disrupción, son las instituciones las que tienen que marcar la normalidad y si nosotros en lugar de debatir con normalidad lo hacemos de esta forma, alentamos comportamientos que tenemos que tratar de desalentar completamente en la sociedad».