La iniciativa para prohibir el lenguaje inclusivo en el Gobierno y las escuelas llegó esta semana a la Cámara de Diputados. Hablamos sobre el tema con el director del Instituto de Lingüística de la UBA, Salvio Martín Menéndez.

Buscan prohibir el lenguaje inclusivo por ley. Las abogadas Cynthia Ginni y Patricia Paternesi presentaron un proyecto de ley para prohibir el uso del lenguaje inclusivo de los tres poderes del Estado. Un proyecto similar había sido presentado anteriormente por el Diputado Nacional Alberto Asseff (Juntos por el Cambio).

El proyecto busca “prohibir el uso del lenguaje inclusivo en cualquiera de sus formas”, y surge de una iniciativa que apunta a evitar “alteraciones gramaticales y fonéticas que desnaturalicen el lenguaje”. Además, según señalan sus autoras, obedece a la necesidad de eliminar “los obstáculos que en materia de lectoescritura se manifiestan por el uso del mismo”.

Prohíbase el uso en documentos y actos oficiales y en establecimientos educativos del comúnmente denominado ‘lenguaje inclusivo’, en cualquiera de sus formas (“x”, “e”, “@”, etc.), empleadas para reemplazar el uso del masculino cuando es utilizado en un sentido genérico, así como de cualquier otra forma diferente a la lengua oficial adoptada por la República Argentina”, sostiene el artículo 1 de la propuesta.

Los artículos siguientes proponen aplicar la norma a “todos los documentos y/o actos oficiales emitidos por cualquiera de los tres poderes del Estado en todos sus niveles, así como a las escuelas de todos los niveles y demás establecimientos educativos de la República Argentina” y derogar “todas las disposiciones que se opongan o limiten la presente ley”. También invitan a las provincias a adherir a la ley.

Buscan prohibir el lenguaje inclusivo a través de un proyecto de ley

Dicho proyecto sostiene la postura de la Real Academia Española sobre la marca de la letra “e” como marca de género inclusivo: “El uso de la letra ‘e’ como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical (’chicos’) ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género”.

Las autoras del proyecto rechazan otros usos del lenguaje inclusivo, como los desdoblamientos o las fórmulas neutras. “Todas implican redundancias o deforman los vocablos de tal manera que pueden alterar y debilitar su valor jurídico y social”, argumentan.

¿Se puede prohibir el lenguaje inclusivo?

Desde News Digitales nos comunicamos con el Director del Instituto de Lingüística de la Universidad de Buenos Aires, el doctor Salvio Martín Menéndez, para conversar sobre el proyecto de ley.

ND: ¿Se puede prohibir el uso del lenguaje inclusivo a través de una ley?

SMM: En principio, cualquier cosa se puede prohibir. Las leyes pueden prohibir cosas porque tienen un carácter regulativo. En este caso, la ley puede prohibir pero el hablante puede seguir usando el lenguaje inclusivo. De hecho, en la Argentina el golpe de estado del ’55 (la autodenominada “Revolución Libertadora”) prohibió el uso del nombre de Perón, Eva Perón, Justicialista y demás, y no se lo podía mencionar directamente, se buscaron formas alternativas.
Yo creo que prohibir un uso es, en sí mismo, contradictorio. No se puede prohibir algo que la gente usa. Además, yo creo que no hay nada más atractivo para que la gente comience a usar algo que que se lo prohíban.

Por otra parte, el lenguaje inclusivo no es algo que dañe a nadie: es simplemente una variación dentro del paradigma morfológico de género en español, y puede derivar en un cambio. Por consiguiente, prohibir cualquier elemento en relación con cualquier cosa es un sinsentido en sí mismo, porque es un problema gramatical que tiene efectos discursivos. Nadie obliga a utilizar el lenguaje inclusivo, entonces ¿por qué se lo va a prohibir? Simplemente es una manifestación más que expresa algo que yo creo que es absolutamente legítimo, y que en última instancia será el propio uso por parte de los hablantes lo que decidirá si eso se impone o no se impone.

Por el momento, conviven las formas, y puede gustar o puede no gustar, pero ese es un problema absolutamente secundario. Lo importante es que el uso no sólo es posible, si no que es un uso que se lleva a cabo y que no va en contra del sistema español.  La -e como marca morfológica existe en el idioma, sólo es una refuncionalización, que es independiente de la Academia, porque a las normas no las impone la Academia, las impone el uso de los hablantes.

ND: ¿Es cierto que el uso del lenguaje inclusivo puede llegar a generar una dificultad en la comprensión en los primeros años de vida de un niño?

SMM: En principio, el lenguaje inclusivo no es una patología del lenguaje: es una opción que los hablantes tienen dentro del sistema lingüístico y que lo representan en su curso. No hay ningún problema de comprensión. Podría postularse que tal vez para las generaciones de más edad puede ser más dificultoso si quieren usarlo estrictamente, porque habría que aplicar una serie de cambios que no son simples, pero yo no creo que genere ninguna dificultad.
En última instancia, si se manifiestan claramente cuales son los alcances de cada una de las variantes, perfectamente se puede explicar el fenómeno.

ND: Las abogadas que presentaron el proyecto de ley señalan que el lenguaje inclusivo “satura la estética del discurso con paráfrasis y repeticiones innecesarias a cada momento (“los diputados y las diputadas”, “los ciudadanos y las ciudadanas”, etc), y van en desmedro de una comunicación inteligible”. ¿Es posible que una persona pueda llegar a tener problemas para comprender una comunicación oficial o una actividad escolar sólo porque esté redactada en lenguaje inclusivo?

SMM: Ignoro qué entienden estas abogadas por la “estética del discurso”, pero tiene que ver con una dimensión de apreciación, y entonces están en todo su derecho a decir que el lenguaje inclusivo no les gusta y por lo tanto no lo van a usar. Están en todo su derecho. Lo que no es su derecho es imponer a los que sí lo usan que no lo usen.
Ahora, no entiendo lo que entienden por paráfrasis porque yo no veo ningún elemento parafrásico en el lenguaje inclusivo: veo un problema morfológico en relación con la categoría de género.

Lo que llaman las “repeticiones innecesarias” como las diputadas y los diputados”, es simplemente un rasgo que la propia variación te está proveyendo una situación. Por ejemplo, cuando se empieza un discurso es común decir “señoras y señores…” no se dice “señores…”. En el caso de “diputadas y diputados” estaría la tercera opción, que es la que daría el lenguaje inclusivo, que es “diputades”. Si no les gusta, que usen “diputados y diputadas”, y obviamente, si quieren usar “diputados” como masculino genérico, en este momento son tres opciones que conviven.

Acá se ve un problema muy claro: sería interesante que precisaran qué quieren decir con “saturar la estética del discurso […]”, porque cuando yo explico lo que es el lenguaje inclusivo, trato de ser preciso. Esa expresión es la metáfora de la saturación estética, y habría que pedirles a quienes la sostienen que la expliquen, porque yo no entiendo qué quieren decir con eso. Entiendo que ellas utilizan un lenguaje definidamente oscuro para decir “a mí no me gusta el lenguaje inclusivo”.

En relación con el lenguaje inclusivo en comunicaciones oficiales y en las escuelas habrá que ver las decisiones que tomen las autoridades pertinentes. De hecho, la marca de la inclusión tiene en la escritura otras opciones, como la -x o [email protected] que dejan en la oralidad librado a cada uno qué decisión fonética llevar a cabo.

ND: En relación a las críticas que indican que el lenguaje inclusivo no es verdaderamente inclusivo o no soluciona los problemas reales en cuanto a la inclusión, ¿qué opina? También señalan que es una “deformación del lenguaje”.

SMM: En relación a que el problema de inclusividad no se soluciona mediante un problema de orden morfológico: nadie dice que esto sea la solución o mucho menos, pero creo que es mucho peor tratar de dar lugar a la inclusividad mediante una prohibición, porque prohibir e incluir se oponen. Por otra parte, el lenguaje no se deforma. El lenguaje funciona a partir de las necesidades de los hablantes.

Creo que ninguna propuesta ligada a ningún tipo de variación producto de una prohibición es productiva, y si aparece una variación en el lenguaje hay que ver por qué sucede. En este caso, es un cambio motivado que tiene sus pro y sus contras, porque no es fácil implementarlo en forma amplia, pero hay que ver qué sucede. Creo que nunca es positivo prohibir y que el gusto personal de los distintos hablantes del español no debe influirnos para llevar a cabo algún tipo de análisis de la situación.

La idea de deformación es una idea ajena al sistema lingüístico. A lo sumo habrá un juicio de apreciación: que alguien considere que esto deforma el lenguaje lo que está diciendo es “a mi no me gusta”, y está en todo su derecho a que no le guste, pero no está en su derecho imponer su gusto sobre otros, y por consiguiente las formas conviven. Por otra parte, el problema del género en español es un problema que se tiene que justificar desde el punto de vista lingüístico, desde el punto de vista gramatical y discursivo, y no hay ningún tipo de deformación ni mucho menos.