01/09/2026 - Edición Nº1302

Agro

GENÉTICA BOVINA

"Apareció Alvarito”: la historia de los veterinarios que criaron al toro récord argentino

01/09/2026 | Alfredo Bellocq contó la historia de Cabaña Santa Rosa, donde nació el Angus vendido en $300 millones.



Álvaro entró al remate con una base de $80 millones y salió convertido en el toro más caro de la ganadería argentina. La puja por el 50% del reproductor Angus colorado llegó a los $300 millones y dejó una cifra récord, equivalente a unos US$200.000 por la mitad de su propiedad. Pero detrás de ese animal que cuatro interesados quisieron comprar hay una historia mucho más larga: la de un veterinario de Indio Rico que empezó en la genética bovina casi por casualidad, comprando tres vacas de pedigree sin siquiera saber demasiado bien qué estaba comprando.

“Nosotros hacemos poblaciones de animales y cuando hacés poblaciones aparecen individuos. En este caso apareció Alvarito”, resume Alfredo Bellocq, titular de Cabaña Santa Rosa, al hablar con NewsDigitales del toro que acaba de establecer un nuevo parámetro para la genética bovina argentina.

Para Bellocq, sin embargo, el récord no apareció de un día para otro. Es el resultado de más de dos décadas de selección, trabajo sobre las madres y una obsesión familiar por la genética.

De una veterinaria que cerró a una pasión que se volvió modo de vida

Bellocq se recibió de veterinario en 1993. Poco después abrió una veterinaria, una experiencia que hoy recuerda, entre risas, como “el peor negocio de mi vida”.

La historia cambió hacia 2004, cuando asistió a un remate de una cabaña cercana y decidió comprar tres vacas de pedigree. “Ni sabía lo que compraba”, reconoce. En ese momento era apenas un hobby, aunque su vínculo con el campo venía de familia.

Con el tiempo, ese hobby empezó a crecer. La clave, según explica, estuvo en una decisión que se transformó en la filosofía de Santa Rosa: poner una enorme presión de selección sobre las madres.

“Si querés crecer, crecé con mucho criterio de selección. Porque crecer por crecer con el pedigree no tiene sentido. El crecimiento tiene que ser en función de la producción”, sostiene.

Alfredo Bellocq contó la historia de Cabaña Santa Rosa

La escala fue cambiando casi sin que lo planeara. Primero vendía 15 toros por año. Después fueron 25, luego 50. Hoy la cabaña comercializa alrededor de 200 reproductores y cuenta con 25 toros distribuidos en diferentes centros de inseminación del país.

El sábado en que Álvaro pasó de $80 millones a $300 millones

El remate que consagró a Álvaro como protagonista de la ganadería argentina se realizó el sábado 22 de agosto en Tres Arroyos y tuvo una puja que Bellocq siguió desde afuera.

El 50% del toro arrancó en $80 millones. Había tres grupos y una persona física interesados en quedarse con una parte del reproductor. La competencia llevó el precio hasta los $300 millones.

“Los que lo corrieron estaban decididos a comprarlo”, cuenta Bellocq. Finalmente, el 50% fue adquirido por un consorcio de criadores y cabañeros de La Pampa, que tendrá durante el primer período la exclusividad para utilizar al toro en sus propios planteles. La otra mitad seguirá en manos de Cabaña Santa Rosa.

Bellocq asegura que decidió no intervenir en la definición del precio. “Si el animal está ahí, si se vende, se vende, en el precio que se venda y punto. No me metí para nada”, relata sobre una operación que terminó rompiendo el récord de valorización para la genética bovina argentina.

Álvaro es hijo de Mateo, otro de los grandes nombres de Santa Rosa, y su recorrido en las pistas también ayudó a explicar el interés que despertó: fue Gran Campeón Macho Colorado en la última Exposición Angus de Otoño y obtuvo el tercer premio al Mejor Toro en la Exposición Rural de Palermo.

Pero Bellocq insiste en que, para quienes trabajan con genética, el valor de un toro no termina en una exposición.

“Cuando hacés poblaciones de animales aparece el individuo”, dice. Y ese individuo, si responde como esperan, puede multiplicarse a una escala difícil de imaginar.

El nombre “Álvaro” tiene, además, un significado especial para Cabaña Santa Rosa: el reproductor fue bautizado así en reconocimiento a Álvaro Moreira, quien tiene a su cargo la cobertura de las redes sociales de la Asociación Argentina de Angus y es una figura reconocida dentro del ambiente por la frase con la que inicia habitualmente sus entrevistas: “Hola, amigos de Angus”.

El verdadero valor está en lo que puede dejar

Bellocq explica que un reproductor como Álvaro podría utilizarse para producir entre 40.000 y 50.000 dosis de semen por año. Eso podría traducirse en el nacimiento de entre 20.000 y 25.000 terneros hijos suyos.

Ahí aparece la verdadera dimensión —y también la responsabilidad— del trabajo genético. Porque el valor de un toro no termina en los premios que consigue en una pista ni en el precio que alcanza en un remate: empieza a multiplicarse.

“Cuando vos multiplicás cosas indeseables, hacés una macana importante”, advierte.

Por eso, en Santa Rosa no miran solamente al animal que tienen delante. También observan su padre, su madre, su abuela y las generaciones anteriores. La genética obliga a pensar qué características se van a transmitir y hasta dónde puede llegar esa multiplicación.

“Nosotros hacemos poblaciones de animales", destaca Bellocq

Y Bellocq vuelve sobre una idea que atraviesa toda la historia de la cabaña: crecer no alcanza si no se sabe hacia dónde.

“Crecer, pero crecer teniendo un rumbo. Teniendo una dirección, teniendo una guía a qué querés llegar y por qué”, resume.

La experiencia de Santa Rosa le permite ponerle números a esa dimensión. La cabaña tiene hoy 25 toros en distintos centros de inseminación del país y, según explica, la expansión de esa genética puede ser exponencial.

“En un solo centro el año pasado vendieron 180 mil dosis. Si vos decís 180 mil dosis, van a nacer 90 mil terneros con un 50%. Y después de esos 90 mil terneros, muchos van a ser toros, muchos van a ser hembras de rodeo. Es exponencial y sigue multiplicándose”, grafica.

Esa es, en definitiva, la lógica que Bellocq dice haber seguido desde que aquellas primeras tres vacas de pedigree dejaron de ser un hobby. Seleccionar durante generaciones, crecer con un objetivo y esperar que, cada tanto, entre toda esa población de animales, aparezca un individuo como Álvaro.

Menos stock, más demanda y un momento de oportunidad para la ganadería

Pero la historia de Álvaro también aparece en un momento que Bellocq considera favorable para la ganadería, después de años en los que el sector atravesó dificultades productivas y climáticas.

El titular de Cabaña Santa Rosa observa un fenómeno que, según sostiene, no es exclusivamente argentino: la caída del stock ganadero en distintos países, mientras continúa creciendo la demanda mundial de alimentos.

Bellocq viaja desde hace tres años a Estados Unidos junto al reconocido especialista Santiago Debernardi para recorrer establecimientos, analizar reproductores y conocer de primera mano la situación del sector. Allí, asegura, encontraron una fuerte reducción del rodeo.

“El stock ganadero en Estados Unidos bajó el 13%, para que te des una idea. Y en Argentina no debe ser mucho menos que eso”, plantea.

Según su mirada, la situación se replica en otros países productores. “A los uruguayos también se les cayó mucho el stock, a los brasileños les pasa lo mismo, a los australianos les pasa lo mismo. En todos lados el stock ganadero ha bajado mucho y ha crecido el número de habitantes”, sostiene.

En ese contexto, vincula la recuperación de los valores de la hacienda con una menor oferta mundial y una demanda que continúa creciendo. Y también advierte señales de retención de vientres en la Argentina.

“Cuando hay una hembra buena que puede ir para madre, la gente paga. Entonces te das cuenta que primero está la retención y después está la inversión”, explica.

Para Bellocq, esa combinación puede abrir una oportunidad para recomponer la actividad, aunque reclama que se mantengan reglas que permitan producir y exportar. “No digo de política, de qué presidente esté. Me da lo mismo. Simplemente que se mantengan las políticas que dejen a la gente laburar y que, si se puede exportar, se exporte”, afirma.

Después de varios años marcados por la sequía, el veterinario ve una combinación que hoy juega a favor del sector: mejores precios y un clima que, por ahora, acompaña. “Creo que es el momento de poder tener un pequeño crecimiento en lo que es ganadero”, concluye.

Una cabaña que también es una familia

El crecimiento de Santa Rosa terminó convirtiéndose en un proyecto familiar.

Dos de los hijos de Bellocq, Ezequiel y Maximiliano, siguieron sus pasos y se recibieron de veterinarios. Su hija Agustina es contadora y se ocupa del marketing de la cabaña. La familia también participa de distintas áreas de una empresa que nació de aquel hobby y que hoy tiene presencia en los principales circuitos de genética del país.

Todo sigue teniendo como escenario a Indio Rico, la localidad del partido de Coronel Pringles donde nació Bellocq y donde desarrolló buena parte de su historia.

El récord de Álvaro, entonces, no es solamente la historia de un toro vendido por $300 millones. Es también la de una familia que fue creciendo junto a su proyecto, seleccionando animales durante más de veinte años hasta que, como dice su creador, apareció “el individuo”.

“Alvarito”, para Bellocq. Álvaro, para el mercado de la genética bovina argentina. Y el toro que terminó poniendo a Cabaña Santa Rosa en el centro de una venta histórica.