La famosa escritora cubana, Rosario Solares, nos presenta un cuento en exclusiva

Rosario Solares la escritora cubana radicada en Miami en exclusiva para News Digitales nos presenta su nuevo cuento titulado ‘Play Back’:

«Me fascina la tecnología. Estoy en estos momentos viendo una película. Alguien me llama por teléfono. Detengo la filmación, y luego que converso con mi primo, y para no perderme nada, pongo “playback”. En ese instante el protagonista aún no había matado al intruso. Segundos después, lo acribillaba a balazos. Pum, pum, pum… ¡muerto!

Le doy a playback. Se encuentra el intruso escondido en una esquina dispuesto a matar. Sigue la secuencia, y muere. Es fascinante. Un personaje puede vivir eternamente si se le da playback y se detiene la imagen. Y luego al volver la acción muere  de nuevo

Sería maravilloso poder hacer eso en la vida real. Soy inventor, y me dedico a eso. También existe mucha gente a mi alrededor que son despreciables, que me han hecho mal y que quisiera matar. También es verdad que para asesinar es necesario recurrir a muchas argucias para no ser atrapado y metido preso

No tengo tiempo ni ganas de eso. Me gustaría liquidar a alguien de una forma limpia, sin tropiezos, algo como el control de video a distancia. Entro en mi taller con una idea fija: Encontrar el modo de hacer esto real. Llevo tres días encerrado. Me he olvidado de comer y hasta de dormir. Extenuado, el sueño esquivo me va venciendo. Tuve un sueño tan real, que desperté sobresaltado

Un señor de barba blanca me dio una fórmula. No tenía nada que perder. Mezclé el Urano con el potasio, agregué unas gotas de mercurio y lo eché todo dentro de la cámara eléctrica que inventé años atrás. También, lo confieso, añadí sangre y vísceras humanas y algo más que no quiero decir. Igual que los cocineros, nosotros los inventores tenemos nuestros secretos, los cuales están tan escondidos, que daríamos la vida por preservar nuestros impenetrables conocimientos

La máquina comenzó a trabajar. Contuve la respiración. En el silencio y oscuridad de la noche, sólo se oía el “chup, chup” del aparato con la fórmula inescrutable. La máquina daba vueltas en si como poseída. Observé todo inmutable. Por fin el silencio. Una cucaracha al encender la luz, corre frente a mí. La mato de un pisotón. Remojo el control con la fórmula. Aprieto el botón que dice Playback. Atónito contemplo a la exacta cucaracha que maté segundos antes, correr de nuevo frente a mí. La regreso a matar. Incrédulo, repito la operación de hundir el control dentro de la fórmula… ¡la idéntica cucaracha retorna a correr, vivita y coleando!

La maté nuevamente y ahí la dejé. Lo había logrado… Poseído de un frenetismo delirante, comencé a hacer una lista de la gente a la que quería asesinar. En primer lugar, mi suegra. Mi ex mujer. El amante de ella. Mi vecino. Ya tenía bastantes por ahora. Para empezar, cuatro no estaban mal. Sería fantástico matarlos, verlos sufrir y luego darle playback. Se quedarían vivos, pero algo dentro de ellos les diría que estuvieron muertos y que sufrieron. Eso sería suficiente para mí. Matar a mi suegra fue fácil. Dormía profundamente, y con un goce tremendo le corté la cabeza en el sueño

Un grito lacerante brotó de su garganta minutos antes de morir. Luego le di playback y siguió durmiendo como si nada. Mi ex mujer estaba en el baño. Entré por la ventana y le disparé primero en una pierna para que sufriera, y después  mortalmente en medio de la frente. Al amante lo sorprendí saliendo del carro. Le disparé una flecha en el cuello. Luego me le acerqué y lentamente le fui sacando  el arma, ante sus gritos de dolor

Satisfecho de mi obra, regresé a mi casa, a ocuparme del odioso vecino. Lo vi afuera de su casa, como esperándome. Lo maté de un disparo en el corazón. Me puso nervioso el hombre, pues al morirse, juraría que se me quedó mirando fijamente. Nervioso, me dispuse a darle playback como hice con los demás. Pudo haber sido el cansancio, los nervios, no sé. El caso es que me confundí y en vez de playback le di al forward. Mi suegra, ex mujer, amante y vecino sonreían… Delante de mi cuerpo aún humeante por las balas de todos ellos»

Rosario Solares