Lo afirmó el infectólogo Fernando Polack, a cargo del estudio. La elección le dará a Argentina un lugar de privilegio para la distribución posterior.

Ayer se conoció la noticia de que el laboratorio Pfizer y la Fundación Infant eligieron a la Argentina para las pruebas de una posible vacuna contra el coronavirus. Los ensayos iniciales de seguridad que se hicieron en Alemania y en Estados Unidos la traerán directamente a Argentina sin escalas para que aquí se pruebe su eficacia y, al mismo tiempo, ese factor ponga al país en un «lugar de privilegio» cuando comience la etapa de distribución.

«Somos el país ‘adicional’ de testeo. Esto no descarta que otros se integren después. Pero el primer -y por ahora el único- país que ha sido elegido en adición a las pruebas que hizo Alemania y Estados Unidos somos nosotros», dijo en una entrevista a Clarín Fernando Polack, investigador principal del estudio que se realizará a partir de agosto. Y agrega: «Las primeras respuestas sobre la efectividad podrían estar a fin de año».

Por su trayectoria, tanto en Estados Unidos como en Argentina, Polack forma parte de la elite de infectólogos de la mesa chica de consulta del Gobierno desde el inicio del brote a nivel local. Es el director científico de la Fundación Infant y el encargado de llevar adelante la investigación principal de los ensayos vacunatorios en el país.

Al ser consultado sobre cuando comenzaría a suministrarse a los primeros voluntarios, Polack respondió que será cuando lo apruebe la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Algo que podría darse en el transcurso de los próximos 30 días.

El coronavirus marcó un quiebre en la historia a nivel mundial. Pero la Argentina está a punto de asumir este papel fundamental. ¿Por qué se la eligió como «compañera» -como le dice Polack, para marcar la simultaneidad con esos dos países- en los ensayos de eficacia en territorio alemán y estadounidenses? Por varias razones.

La primera razón, dice el experto, es que su equipo -abocado a las enfermedades respiratorias- «es un grupo con muchos años de experiencia a nivel internacional» resaltó. Eso se traduce en participaciones en todos los foros internacionales. «Si no, esto jamás sucedería», subraya lo que resultó en una «credencial para que vengan a Argentina». La segunda causa es el apoyo del Gobierno para el avance de esta evaluación. «Esto le permitió a los sponsors sentirse seguros del marco en el que vienen a trabajar», suma. La tercera razón, detalla, es que nuestro país ya tiene una tradición «anclada» de médicos e infectólogos -por los expertos vacunólogos que son eminencias a nivel mundial-, que le dio el potencial para ser candidata. «Esto también genera confianza para el proyecto», dice Polack.

«La cuarta razón es que el protocolo de asignación de plasma -el tratamiento con anticuerpos que generaron quienes tuvieron el virus y se curaron-, que iniciamos hace un tiempo y esperamos tener las primeras lecturas (en el sentido de «conclusiones») en agosto, mostró cómo sectores públicos, privados y el tercer sector, en este caso, la Fundación Infant, se pueden integrarse para desarrollar un proyecto difícil, desafiante e importante para la Salud Pública.», contó el experto.

«Ninguna compañía de las que están testeando hoy vacunas contra este virus tiene la capacidad instalada para producir suficientes dosis para proteger a la población mundial. Ni siquiera para proteger a los ciudadanos del país del que esas compañías son originarias. De manera tal que este ensayo abre la puerta a que la Argentina se posicione mejor en la ‘fila’ de países que al unísono están tratando de gestionar vacunas», asegura Polack.

En ese caso, ¿cómo sería la asignación en el país de una vacuna eficaz? «Todas las autoridades del mundo, no solo acá, tendrán que definir prioridades. Con este fin es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) constituyó los grupos prioritarios. El primero es el personal de Salud, que en nuestro país no supera las 500.000 personas», afirma.

Sobre a que voluntarios se le asignará la prueba de la vacuna Polack apunta a que la evaluación sea «lo más representativa de la diversidad». No en cuanto a género, sino a territorio. Se vacunará en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) -donde se concentra el 95% de los nuevos contagios- y en otras provincias aún no definidas. Se hará en el sector público y el privado en el personal de salud, «desde médicos a camilleros, los que estén en riesgo directo», en primer lugar, luego en «la gente que está permanentemente trabajando en la calle a pesar de la cuarentena» y, en tercer lugar, a personas mayores de 65 años, «los más vulnerables al virus».

Pero, también, en «la mujer u hombre que esté en su casa y pueda participar como voluntario», dice el infectólogo. Podrán ofrecerse quienes tengan entre 18 y 85 años.

También destacó que “como las farmaceúticas internacionales están al mando de los ensayos, aún no hay detalles sobre cuál será el derecho de nuestro país sobre esa información. Lo que está claro, y es una ventaja única, es que Argentina, como nunca antes en materia de pruebas de vacunas, tendrá datos propios”.

«Es importante tener datos sobre cómo funciona en los argentinos, para tomar decisiones a nivel central. Esta es una oportunidad para que las autoridades de Salud Pública de Argentina tengan información de primera mano y, muy rápidamente, de su funcionamiento en nuestra población y no tengan que guiarse por datos de otras poblaciones en el mundo», cierra Polack.

Esta aclaración se debe a que no es infrecuente que algunas vacunas se comporten diferente según hábitos de vida, condiciones socioeconómicas, y condiciones genéticas. En caso de que suceda, entonces, Argentina conocerá cuán eficaz es esta vacuna contra el coronavirus, precisamente, en la población.